Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de enero de 2018

Recuerdo en Papel Mantequilla (Infancia en Emergencia)

Recuerdo en Papel Mantequilla




Copiaba Latinoamérica
en papel mantequilla
mientras en el entretecho 
peleaban los ratones 
en la casa de la emergencia.
 
Mi padre y yo 
corriendo hacia la esquina
en Catalina
el me dejaba ganar
yo lo sabía.

Amigos en zapatos ajenos
para  la pichanga del domingo 
en Venecia y la risa.
 

Recuerdo ,
los perros de la infancia
las calles empedradas
las costras en las rodillas
las trampas
a los que se colgaban de los camiones
a las tardes del verano seco
al molino de viento
y al diablo adentro
a un volantín
que atrape en el callejón
a una llamada de mi madre
porque ya se escondió el sol.

Latinoamerica en papel Mantequilla (collage - decoupage sobre papel reciclado)




viernes, 1 de diciembre de 2017

De Legua Emergencia a Legua Emergente.

En estos últimos días, muchos hablan de un sector, de una de las poblaciones más complejas y más cercanas al centro de la Santiago. En especial de La Legua Emergencia. Muchos dicen conocerla, haber estado allí, haber trabajado ahí. Tener amigo y familiares en ese sector. En las conversas, ayudan a crear mitos sobre lo que pasa y lo que no pasa en ese sector de la población. Incluso me han confesado que han comprado droga ahí, como si fuera gran cosa, esperando felicitaciones o que yo habrá los ojos como sorprendido, la verdad no sé sus pretensiones. A mi solo me sorprende la discriminación interna. Si, dentro de la misma población.



Hasta hace poco muchos creían que el nombre de Emergencia, es por el eterno estado en la que se encuentra esa parte de la población o era parte de la creatividad de los pobladores. A muchos, no les cae la teja que es una población de emergencia que ha durado casi 70 años. (1951 para ser exacto, bajo el gobierno de Gonzales Videla, un poquito después del fin de la segunda guerra mundial y en pleno represión de todo el movimiento social en Chile). Desde esos inmemorable tiempos, ningún gobierno, bajo ninguna ideología política ha podido con esta emergencia. Algunos solo la profundizan. 



El Estado, por otra parte (Y el estado es: gobierno y oposición, poder judicial, poder legislativo, las policías, gobiernos regionales, municipalidades, ósea todos, y no solo Bachelet o el de turno, sino todos, históricamente todos.) Ellos, se han paseado, han estructurados decenas de planes, maquetas, mapas y bosquejos, con una diversidad enorme de soluciones y pócimas milagrosas para nosotros, aunque la mayoría de las veces sin nosotros. Casi siempre, incluye violencia y represión, echándonos a todos al mismo saco roto como dicen los vecinos. Claramente han fracasado una y otra vez, el Estado nunca ha sido solución, para la Emergencia.

También están aquellos, que han querido históricamente: bombardearnos, acribillarnos, envenenarnos y desaparecernos. "Saquen los milicos a la calle"- dicen algunos, como si nosotros no supiéramos que significa eso. "Bombardéenlos" - dicen otros - como si nosotros no supiéramos de esas amenazas. Lo que si les ha resultado por ahora, es: relegarnos a orillas y al margen del bendito progreso, no tomarnos en cuenta y acallarnos; y les ha resultado también, eso de que nos matemos entre nosotros mismos.


Otros han venido desde la academia a estudiarnos, a experimentar con nosotros, poniendo a nuestros niños en salas de observación para estudiantes de pregrado (véase estudios de la UDP), laboratorios de creatividad para artistas, laboratorios de historias para Master y Doctorados. Se han hecho una infinidad de tesis y documentos para postular a los más variados títulos en las más prestigiosas universidades (y las no tanto, también). No tengo mayores problemas con esto último, muchos de nuestros pobladores profesionales lo han hechos también, solo si se quedaran o dejaran algo de todo eso, o al menos si continuaran profundizando, si siguieran exponiendo y socializando sus estudios. No por las lukas, sino instalando las verdaderas problemáticas y dejando las autocompasiones de lado, creyendo al menos sus propios discursos. No nos sirven los proyectos a corto plazo e intrascendente. Necesitamos ideas que se ocupen de lo humano y no de las cosas, de esos somos históricamente generadores y no vinieron las academias a enseñarnos, sino que fueron nuestros propios abuelos y abuelas maestros de cómo construir nuestras vidas. Creo que tampoco, necesitamos proyectos de artes o de deportes para salir de la droga o para no caer en ella, sino que lo necesitamos por que somos humanos, parte tangible de este terreno y de esta sociedad, aunque nos traten como nos tratan, quiéranlo o no. Somos nosotros los generadores de cultura y contracultura, por la infinidad de nuestra existencia, es nuestra clase la que genera y ha generado formas de expresión desde siempre. 


Y también habla la prensa, acerca de la Emergencia. ¡Ay! la prensa. Con sus imágenes recocidas, amalgamadas, montadas, equivocadas. Creando personajes de telenovela, o gánsters de novela negra. Nos han tachado y marcado con figuras literarias y metáfora dignas de los premios Limón. El Gueto, Los Carteles de la Legua, hasta con las Maras centroamericanas nos han comparado. Los titulares de programas como Aquí en Vivo, En La Mira o Informe Especial, nos dejan sin palabras, por su extra/ordinaria creatividad. Hemos sido material literario para periodistas de todos los colores. Y vendrán más a construir su curriculum. Somos tierra fértil del mito urbano. Y ella, la prensa, se alimentan, literalmente, de la exposición de nuestros problemas, según la mirada comercial, de vender la violencia. Noticieros, matinales y programa especiales, prensa escrita y de la otra, toda para mostrar lo mismo de siempre en un gigantesco uróboro, de grandes violencias y pequeñas luces de esperanzas que venden, pero ya no emocionan. 

Tantas aristas en un pequeño terruño. Que no terminaríamos de contar, pero en fin. Muchos sabemos que la emergencia se acabará cuando ya no exista la Emergencia o la alternativa es que se transforme en una Legua Emergente. Para lo primero fácil, solo se lo dejamos al tiempo, al estado, al mercado y ya llevan harto camino recorrido. Desapareceremos como la villa San Luis en Las Condes, como los barrios históricos de Estación Central, como algunas poblaciones en San Miguel, mutaremos en lo que odiamos, seremos parte de este orbe sin sentido, ni razón; sin identidad, seremos un conjunto de moles de hormigón sin historia y ni siquiera tendremos un mísero valor arquitectónico. Quizás los que leemos esto, no alcancemos a verlo. 

Para lo segundo es más difícil. Para transformarnos en una Legua Emergente, necesitamos la unión de los vecinos y vecinas, necesitamos que los egos y rencores de nuestros dirigentes, se hagan a un lado mientras damos la lucha, y que NO contagien a las nuevas generaciones, a quienes no les pesa, nuestras batallas perdidas. Necesitamos de ese extraño amor por un pedazo de tierra, donde vinieron a tirar a nuestros abuelos. Necesitamos querer este pedazo de historia importante de nuestro pueblo, para la memoria y para el desarrollo de todos y todas. Necesitamos volver a identificarnos con eso y no con aquellos, que nos muestran y bombardean día a día, los medios. Necesitamos aprender de los procesos anteriores, de nuestros errores, de nuestros fracasos, de nuestras penas y también de nuestras pequeñas victorias. Necesitamos alejarnos y mirar con distancia y desconfianza, a aquellos que no han calificado, estudiado y a quienes han hecho enfrentarnos entre nosotros, alejarnos de quienes nos han separado y han puesto trabas en nuestras organizaciones. Necesitamos reb(v)elarnos a lo escrito, una vez más. Por nuestros niños y niñas, por nuestros sueños.



Antonio Concha
Poblador
01.12.2017

Todo es Cancha.  Diciembre. 2007

Lea También...



Hilo 



sábado, 27 de junio de 2015

Por donde empezar


Enhebraría todas las agujas otra vez,
soñaría contigo todas las estrellas mujer
cruzaría a las orillas nadando otra vez el río
yo contigo y mis hermanos, los tres.

Te ayudaría a coser las alegrías
en el telar de nuestras historias
con la máquina a pedal y sin dedal
hasta el final, si es que existe tal.

Te regalaría toda esta mi felicidad
cuando tengas un poco ganas de llorar
para que brotaran los aromos en tu mirar
para que tocaran tus pies las olas en paz

II

Esta vida que me has dado
que me has parido más de una vez
que no para de germinar y nacer
que no para de quemar el corazón, la piel
que a veces no entiendo
pero que amo cada vez

En esta vida,
mi ombligo también es tu espiral
ese sentimiento verbo universal
ese que me enseñaste a explotar
como una llama maternal
a ese que le llaman amar

III

Sé que mi verso es difícil de explicar
que no hay una sola ideal final
pero para que quede claro
y también para que lo sepan los demás
en palabras claras sin enredar
sino es por ti,
yo no podría amar
no sabría
por donde empezar.





viernes, 5 de septiembre de 2014

Cartagena

Cartagena... playa grande, sol, arena gris con pedacitos de carbón y uno que otro hueso de pollo o palo de helado. Mis primos, mi hermano y yo estirados de guata sobre las toallas, yo tratando que la arena no me tocara los dedos para poder comer tranquilo, la marraqueta con jamonada y margarina que me había preparado la Mami, mi abuela. Del kiosko que estaba en la costanera salia un parlante, un cono gris chicharriento que tocaban a Soda Stereo y que se confundía con el cuchicheo del pueblo en vacaciones.

jueves, 27 de marzo de 2014

Curriculum

Vengo de padres obreros, mi madre costurera me hacia la ropa y mi padre los zapatos para ir al colegio en la básica.   Como mis padres trabajaban mis abuelas se turnaban y sin saber ni leer ni escribir, me mandaban a estudiar todo los días, hasta me ayudaban con las tareas.  El mismo pantalón todo el año.  El par de camisas que tenía, las lavaban todo los días y mis zapatos siempre bien lustrados, pobre pero nunca cochino, no hay que confundir decían ellas (las dos). Cazuela de Vacuno (mas hueso que carne) y el infaltable arroz con huevo y a estudiar se ha dicho.  

La profe Margarita me tiró varias veces las patillas por no llevar la cotona o por no hacer la tarea.  A los 11 años aprendí a irme en micro, con escarcha, lluvia o a pleno sol caminaba hasta la micro Recoleta Lira que me dejaba en frente del colegio.  Solo los primeros años me fui en furgón. 

En la media, dos de mis tíos, como padrinos, ayudaron con los gastos.  Uno pagaba mi mensualidad y el otro me daba para la micro y algo de comer (un berlín o galletas).  Mi madre ene se tiempo estaba sola, mi papá nos había dejado, y éramos cuatro los hermanos.  Elegí una carrera con futuro y que me gustaba, elegí bien, de eso no me quejo. Me fue bien.  Desde ahí que siento la obligación de devolver la mano.

Después de salir de 4to y un año en la milicia entré a estudiar Ingeniería.  Antes del CAE, antes de las montonera de becas, antes de todo, antes de las protestas, incluso antes de tener conciencia de donde estaba, el estado no me dio nada (quizás no lo merecía para algunos nunca fui ninguna lumbrera).  Yo mismo pagaba mi carrera porque a la vez trabajaba para una pequeña burguesa, vieja explotadora que nunca me valoró.  Fui el primero de mi familia en estudiar y todo eso, me iba bien, me eximí de muchos exámenes, buenas notas, no faltaba nunca, peleaba con las matemáticas pero ahí estaba, no me rendí. Finalmente no pude seguir, no por falta de talento ni de ganas, sino por falta de plata. Me negué a mi mismo endeudarme por años, tampoco tenía avales.  Quizás hablando me hubiese conseguido un aval pero me negué.   

Conozco a muchos como yo, decenas como yo, y deben existir cientos que no conozco.

No me gusta mencionar ciertas cosas porque no me gusta la discriminación, tampoco la discriminación positiva, no me gusta ninguna.  No me gusta la lástima, ni que me digan pobrecito, ni que digan nada.  Si están pensando en eso, tráguense sus lástimas y sus caridades, no las merezco y muchos como yo, tampoco.  No creo en la autocomplacencia, ni menos en la autocompación.  Tampoco soy ejemplo de nada ni de nadie.  

Crecí hasta los 13 años en el centro de la Legua Emergencia y todo esto viene al caso, para hablar de educación, pueblo y de población.  

Podré aprender de muchas cosas, me he preocupado de aprender más de lo que me han enseñado, podrán enseñarme de teorías y de ciencias, pero no me darán cátedra de Educación y Pueblo.  No se llenarán la boca conmigo. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Declaración

Vengo del centro funesto del orbe
junto a la orilla de la falsa igualdad. 

Vengo del lugar de muchos nombres
porque allí nacieron mis padres
y ellos a su vez, lo mismo que yo. 

Vengo de las calles sin salidas  
de casas chicas y perros grandes.
Custodiadas por falsos guardianes
de las libertades a medias. 

Vengo desde el lugar
donde crecen los niños gatos
en los techos y sin domesticar.

Donde las murallas de tablas oblicuas
separan las almas en cubículos.

Soy un libre pensador
que no se detiene a pensar,
sino que piensa y se equivoca
avanzando.


Que a cada paso tiene menos miedo.
Y que a cada paso tiene menos pelo
Al que le duelen las rodillas
y  se le asoman tres arrugas en el cuello.


Negué mi origen varias veces,
algunos entenderán otro no. 
Negué mis luchas otras veces,
algunos entenderán otro no. 

Crucifiquen a los libres de pecado
Resuciten solo los puros-correctos 

Trapeé con mis filosofías y mis egos
durante algún tiempo. 

Toqué con mi índice el fondo
de la profunda estupidez
y di la media vuelta
y creo que lo haré
alguna otra vez.           

Vengo desde la tierra-barro,
el empedrado y el cemento. 
desde la piedra, el fusil y la idea. 

Vengo a estar a tu lado.
 Poesía.  

jueves, 30 de agosto de 2012

Tanques por la Mañana

                Ese día en la mañana, mi papá estaba con nosotros, yo estaba contento y algo extrañado, a esa hora mi padre debería estar trabajando, pero la puerta que daba a la calle estaba cerrada, encadenada por dentro, como nunca.  Poníamos una cadena por fuera, cuando salíamos, pero cuando estábamos dentro nunca estaba cerrado, nunca cerrábamos,  solo la puerta del jardín estaba cerrada con candado, pero ahora que me acuerdo, en esos años todavía no teníamos puerta en el jardín.     
                Se sentía ruido afuera, perros ladrando y vehículos. Algunos gritos se colaban por entre las murallas de tablas.  Mi padre tomaba desayuno en la mesa de la cocina con nosotros, él se había duchado hace poco, hacía frío y la taza de té humeaba en la cocina.   Todavía había olor a pan tostado en la cocina. 
-¿Qué pasa? - pregunté por lo que me acuerdo.
- Andan los milicos afuera -  me dijo mi madre - Tu papi no va a salir hoy.
                Solo me acuerdo de eso.  Siempre me acuerdo de eso.  No sé ni cuantos años tenía, pero  eran pocos.  No dijeron nada más o la verdad no me acuerdo de nada más.          
                Yo me acuerdo, que me imaginaba tanques y tanquetas en las calles.  Militares con las caras pintadas, me acuerdo en otras ocasiones haberles visto de esa forma, pero es vez no vi nada, solo me las imaginaba, quizás en realidad no pasaba nada, pero la puerta encadenada y la cara de mi padre me decía que si pasaba algo.  A ratos me imaginaba, quizás solo mesclo los recuerdos y no era mi imaginación, pero creo imaginar a varios sujetos que fusil en mano y brazalete verde en el brazo, con lentes oscuros saltaba de la parte de atrás de una camioneta roja,  rápido se metían a una de las casas  y se llevaban a un hombre, mientras su mujer gritaba desesperada y se llenaba de saliva su boca y sus ojos de lágrimas y daba formidables y roncos gritos que desgarraban su garganta. 
                No me acuerdo que yo sintiera miedo en esos años, tampoco me preguntaba mucho, ni tampoco le preguntaba a alguien nada, finalmente yo vivía mi infancia y mi inocencia, pero el recuerdo no se borró hasta esta fecha en la que escribo.               Lo escribo para contarlo, porque la verdad creo que estas imágenes no se borrarán.  Algún día quizás se terminen mesclando con imágenes vistas, imaginadas, contadas, pero no se borrarán.  Quizás ya están mezcladas.  
                Tengo poco recuerdo de mi padre, este es uno de los pocos, por eso tengo la certeza que es verdad.  Ahora que escribo, creo saber un poco más de lo que viví en esos tiempos.  Ahora creo saber.   
  

jueves, 23 de agosto de 2012

Septiembre 88

                Eran decenas de paracaídas que venían desde el cielo azul de septiembre, daban ganas de bajar del techo y correr hacia donde cayeran, pero al parecer siempre cae  mas lejos de lo que uno piensa, la avioneta bombardeaba el cielo con interesantes juguetes. 
                Yo estaba arriba del techo, en el cuarto de atrás, donde mi papá había tenido un taller de calzado. Al techo le faltaba varias planchas y me gustaba subir entre el empalizado a mirar los otros techos, me gustaba mirar las “Comi” de esas fechas, esperaba algún volantín cortado que pasara el hilo por mi techo.  Nunca pude encumbrar un volantín de forma decente, nunca tuve la paciencia.  El viento nunca fue mi aliado, bueno era más bien lo lerdo que podía ser yo para ese tipo de cosas. Porque me acuerdo que tampoco fui bueno para las bolitas, para el trompo, para la pelota, etc.  Me gustaba subir a lo que quedaba de techo e imaginariamente apostaba al mejor volantín según sus colores y esperaba que pasara la tarde. 
                Esa tarde una avioneta nos bombardeaba con pequeños paracaídas, quería correr para pillar uno, como corrían los niños por los techo por agarrar un volantín cortado.  Mi madre y las vecinas gritaban a los más pelusones, cabros claramente más choros que yo, que eran capaces de correr,  moviendo y quebrando algunos pizarreños que se lloverían en el siguiente invierno.  Y que le importaba bien poco lo que dijeran las viejas, sin ninguna culpa y cero conciencia, se morían burlescamente de risa después de sus pillerías.
                Los paracaídas volaban ahora lejos, caerían más allá del parque quizás, ya se habían quitado las ganas de correr.  Pero tenía la duda y tuve ganas de tener uno.
                A esa hora ya el sol se caía por entre los techos de la Emergencia, los volantines se elevaban siempre, casi siempre, hacia el noroeste y tenían que sortear los cables y árboles para llegar arriba. Costaban algunas monedas, pero agarrar uno que había sido cortado en batalla parecía ser más valioso.  Ahora si venía con hilo curado mejor aún.
                Ya había perdido la curiosidad por los paracaídas.  No me interesaba lo que traían, sino lo que decían.  Pero a esa altura en realidad ya no me interesaba nada.  Bajaría, pero ahora para ir a juntarme con mis amigos, a un par de cuadras de mí casa.

                Allá estaban ellos, mirando como los más grandes “curaban” hilo. Ya habían aporreado un tarro con un tubos fluorescente que habían molido y lo habían echado dentro, lo habían machacado hasta hacer polvo de vidrio.  El tarro retorcido, plano casi, no dejaba ver ninguna partícula de vidrio.  La cola caliente humeaba en una pequeña cacerola vieja y el dueño del hilo pasaba una punta atreves  de un corcho de garrafa.  Otro de los grandes, el “Sordo” Pato, intentaba sacar el vidrio molido desde la lata. 
                Algunos de mis amigos corrieron a las “pescas”, un “Pavo” de los grandes iba cortado y caería supuestamente en el callejón de Venecia aunque siempre pasaban de largo y terminaban en las industrias del callejón, pero igual entretenía correr quizás pescar el hilo.
                Ya de vuelta se volvieron a instalar a mirar el proceso de la “Cura”. Miraban mientras tiraban tallas y se burlaban de algo o de alguien, apoyado en la muralla, uno al lado del otro.    El ovillo de hilo estaba dentro de la olla, impregnándose de la cola, atrás venia otro de los grandes con el corcho sacando el exceso de pegamento y más atrás el dueño del hilo, llevaba en sus manos un cartón, con el vidrio molido.  Al hilo, con el pegamento le quedaban adheridas pequeñas partículas de vidrio, y lo enrollaban entre dos árboles a la distancia de unos buenos metros.  Varias vueltas se dieron entre los árboles, parando cada cierto tiempo, para ver los resultados, para arreglar el vidrio, para mirar la cola o el ovillo. Varias vueltas ante la atenta mirada de nosotros los más chicos.
               
                Un niño, más chico aún, jugaba con un volantín de plástico. Nunca fueron buenos los volantines de plástico, ni con mucho estampado, ni con muchos colores, los mejores eran de papel volantín y con buenos maderos.  El volantín decía “NO” y tenía un arcoíris  de colores, no lo pudieron elevar el niño y su padre, solo ganó unos metros desde el suelo, luego les ganó la paciencia.
                Desde el callejón venían los de Colchero, “Los Cochinos” les decíamos. Uno de ellos traía un paracaídas de esos que habían soltado desde la avioneta, uno de ellos venían jugando con el juguete, pasaron por el lado nuestro, no dijeron nada, eran menos esta vez.  Yo lo miré atentamente, el paracaídas decía con letras azules “Si” con una estrella como punto de la “i” y de él colgaba una bolsa de arena. 
                La campaña me  molestaba.   Me molestaba más, desde que mi madre había hecho tapar las consignas que mi hermano mayor había escrito en la muralla de nuestra pieza.  La había hecho tapar no sin antes sermonear a mi hermano. Retándolo y advirtiéndole que no podía escribir esas cosas en la casa. ¿Qué pasaría si entran los pacos a la casa, le preguntaba ella? Y mi hermano la miraba y no contestaba.
                Nos bombardearon con juguetes cuando éramos niños y queríamos jugar.  Esa tarde era septiembre, era once y nos entraríamos temprano.       

jueves, 3 de mayo de 2012

Retamo



Flor del retamo                   
en tus pies yace mi perro   
y mis pájaros muertos   
de mi infancia dolida.  

Entre tus ramas está mi risa
y en tu tronco los juegos
y mi canto de una misa
de mi niñez dormida.
En la tierra están mis huellas 
de mis manos pequeñas
y en el cielo el fuego,  
de mi grito y mi mirada.

Que vió un volantín  
hecho niño
agarrado sus ropas  
con mil hilos.

Que voló por los techos grises
que voló minutos felices
y vio la estrella de la tarde
y como el corazón arde
cuando se tiene fe.

Aquí estoy querido árbol
adorno de la virgen  
y sus velos blancos.

Aquí estoy ya viejo
buscando el vuelo
en tu recuerdo.

Cirios y Palomas

Ahí en medio del enredo,
entramado de rejas y cables
de peleas de perros callejeros  
de camiones de frutas frescas
de pregón y sermón de tarde,
ahí está mi recuerdo.

Cuantas palomas volaron al disparo
entre las mezclas de olores extraños
entre sonrisas, bailes y llantos
volaron tras el cielo naranjo
de verano y pavimento mojado.

Cuantos niños lloraron a sus padres
abrazados entre las piernas de su madres
entre las lagrimas de sus abuelos
lloraron por la soledad desconocida
de inviernos húmedos y fríos vientos.

Cuantas vidas rompieron el camino
vendiendo la muerte y la ruina oscura
entre balas y sangre roja seca
rompieron sus nombres, sus alientos
por algo más que el alimento.

En medio mi recuerdo, enredado
entre cruces y túnicas pálidas
campanadas de cánticos tristes
esperanzas de nuevos tiempos
pequeñas llamas en cirios blancos.

Cuantas lágrimas se perdieron
entre las hojas y el aroma de las flores
de un amigo o de un viejo hermano
perdidas ahora, ya en el tiempo
recordadas hoy y  antaño.

Cuantos cantos liberaron la luz
a los ojos rojos y la doliente cruz
en el altar,  la eucaristía viva
liberó la esperanza eterna, mía
y al alma de niño despierto de ese día.

Cuantos se alejaron luego
incapaces de poner la mejilla
y doblar otra vez la rodilla
acorralados por la rabia
engañados por la verdad.

Vivo el  recuerdo del sabor
del pan y el vino
de la fruta , el sonido
del disparo y mis amigos.

Recuerdo la silueta
de la paloma gris en el cable
de la cruz y el cielo en tarde
del agua y el pavimento azul.

Recuerdo
 y la voz se ahoga en llanto
se ahoga también en canto.
Ahora brilla más la luz.

lunes, 2 de abril de 2012

Ojos Negros

Ojos negros cara sucia
rebota el sol en las hojas,
en la mañana de tus risas
en la alba de tu inocencia.

Se despierta el brillo y la llama
en tus pequeñas manos,
y cantas tus juegos buenos
de rayos mágicos sin miedos.

Respira el dolor de tus padres,
tus hermanos y tus abuelos.
Ríes con tus ojos negros
melodías y cantos llenos.  

Despierta y revienta la cuerda
que ata tus palabras
y gritas tus amores plenos
abraza a tu amigos buenos.

Respira y  grita niño gato
Que es tu grito el de amor,
Grita que te escucho
Y te escribo sin dolor,
Arrimado al árbol
y a la sombra
te escribo el sol.

Saca tu voz
Que la infancia es mañana
Que las estrellas flores
serán más tarde.
Que la vida es adelante
Y que es tiempo de luz
y tiempo de tu voz
en las calles.

Mira el destello,
de la vela de tus ojos,
tus ojos negros
en la luz del amanecer.
Tu madre vive
en tu cara y en tus ojos,
en la infancia de tu ser.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Niño Gato.

En el techo se escucha el gato que arranca
y que jugaba con tanques el otro día,
que recuerda degollado al que pensó distinto,
que recuerda la cicatriz que desapareció a la familia.

Entre los ladrillos húmedos de rojos oxidados
los niños libres entierran las filosofías antiguas,
entre las delgadas tablas de sus fríos hogares
buscan la fuerza para rebelarse a lo escrito.

Levantan su cabezas y sus luces brillan
el gato sigue corriendo en el techo
lo acentúa una bala,
que estalla,
deprisa
y su conciencia en la cornisa
de la idea y de la falla.
 Junio 2011


Farolito.Pasaje Santa Filomena (Independencia-Santiago 17.12.2011)

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...