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lunes, 18 de diciembre de 2017

Dic. Feria La Legua

Un viejo cuidador de autos luce en sus nudillos, sortijas de abrazaderas metálicas. Una mujer espanta a una chaqueta amarilla, sin ninguna agilidad, con un brócoli en las manos como si estuviese en cámara lenta, su cara de horror y arrugas abruma el rubio de su pelo y el dorado de sus anteojos. El sol se cuela entre las mallas y lonas de colores hasta el pavimento, y el olor a pescado fresco hasta las narices. Mote con huesillos fresco en la una esquina y en la otra: televisores viejos, dos ventanas, bototos de cueros amarillos, herramientas y libros oxidados, tendidos sobre un paño oxidado y este sobre el pavimento caliente. El vendedor aguarda sentado en un triciclo a la sombra de un aromo, fumando un largo cigarro americano. El murmullo es incesante, suaves risas, pregones y ventas. Se responde preguntas, se vende, se paga, se alega. Las bromas vuelan de puesto en puesto. Se saluda la gente de la feria. Ahí es donde nos encontramos todos, sin diferencias.

Dic. Feria La Legua
17.12


Feria Libre La Legua 2015






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viernes, 1 de diciembre de 2017

De Legua Emergencia a Legua Emergente.

En estos últimos días, muchos hablan de un sector, de una de las poblaciones más complejas y más cercanas al centro de la Santiago. En especial de La Legua Emergencia. Muchos dicen conocerla, haber estado allí, haber trabajado ahí. Tener amigo y familiares en ese sector. En las conversas, ayudan a crear mitos sobre lo que pasa y lo que no pasa en ese sector de la población. Incluso me han confesado que han comprado droga ahí, como si fuera gran cosa, esperando felicitaciones o que yo habrá los ojos como sorprendido, la verdad no sé sus pretensiones. A mi solo me sorprende la discriminación interna. Si, dentro de la misma población.



Hasta hace poco muchos creían que el nombre de Emergencia, es por el eterno estado en la que se encuentra esa parte de la población o era parte de la creatividad de los pobladores. A muchos, no les cae la teja que es una población de emergencia que ha durado casi 70 años. (1951 para ser exacto, bajo el gobierno de Gonzales Videla, un poquito después del fin de la segunda guerra mundial y en pleno represión de todo el movimiento social en Chile). Desde esos inmemorable tiempos, ningún gobierno, bajo ninguna ideología política ha podido con esta emergencia. Algunos solo la profundizan. 



El Estado, por otra parte (Y el estado es: gobierno y oposición, poder judicial, poder legislativo, las policías, gobiernos regionales, municipalidades, ósea todos, y no solo Bachelet o el de turno, sino todos, históricamente todos.) Ellos, se han paseado, han estructurados decenas de planes, maquetas, mapas y bosquejos, con una diversidad enorme de soluciones y pócimas milagrosas para nosotros, aunque la mayoría de las veces sin nosotros. Casi siempre, incluye violencia y represión, echándonos a todos al mismo saco roto como dicen los vecinos. Claramente han fracasado una y otra vez, el Estado nunca ha sido solución, para la Emergencia.

También están aquellos, que han querido históricamente: bombardearnos, acribillarnos, envenenarnos y desaparecernos. "Saquen los milicos a la calle"- dicen algunos, como si nosotros no supiéramos que significa eso. "Bombardéenlos" - dicen otros - como si nosotros no supiéramos de esas amenazas. Lo que si les ha resultado por ahora, es: relegarnos a orillas y al margen del bendito progreso, no tomarnos en cuenta y acallarnos; y les ha resultado también, eso de que nos matemos entre nosotros mismos.


Otros han venido desde la academia a estudiarnos, a experimentar con nosotros, poniendo a nuestros niños en salas de observación para estudiantes de pregrado (véase estudios de la UDP), laboratorios de creatividad para artistas, laboratorios de historias para Master y Doctorados. Se han hecho una infinidad de tesis y documentos para postular a los más variados títulos en las más prestigiosas universidades (y las no tanto, también). No tengo mayores problemas con esto último, muchos de nuestros pobladores profesionales lo han hechos también, solo si se quedaran o dejaran algo de todo eso, o al menos si continuaran profundizando, si siguieran exponiendo y socializando sus estudios. No por las lukas, sino instalando las verdaderas problemáticas y dejando las autocompasiones de lado, creyendo al menos sus propios discursos. No nos sirven los proyectos a corto plazo e intrascendente. Necesitamos ideas que se ocupen de lo humano y no de las cosas, de esos somos históricamente generadores y no vinieron las academias a enseñarnos, sino que fueron nuestros propios abuelos y abuelas maestros de cómo construir nuestras vidas. Creo que tampoco, necesitamos proyectos de artes o de deportes para salir de la droga o para no caer en ella, sino que lo necesitamos por que somos humanos, parte tangible de este terreno y de esta sociedad, aunque nos traten como nos tratan, quiéranlo o no. Somos nosotros los generadores de cultura y contracultura, por la infinidad de nuestra existencia, es nuestra clase la que genera y ha generado formas de expresión desde siempre. 


Y también habla la prensa, acerca de la Emergencia. ¡Ay! la prensa. Con sus imágenes recocidas, amalgamadas, montadas, equivocadas. Creando personajes de telenovela, o gánsters de novela negra. Nos han tachado y marcado con figuras literarias y metáfora dignas de los premios Limón. El Gueto, Los Carteles de la Legua, hasta con las Maras centroamericanas nos han comparado. Los titulares de programas como Aquí en Vivo, En La Mira o Informe Especial, nos dejan sin palabras, por su extra/ordinaria creatividad. Hemos sido material literario para periodistas de todos los colores. Y vendrán más a construir su curriculum. Somos tierra fértil del mito urbano. Y ella, la prensa, se alimentan, literalmente, de la exposición de nuestros problemas, según la mirada comercial, de vender la violencia. Noticieros, matinales y programa especiales, prensa escrita y de la otra, toda para mostrar lo mismo de siempre en un gigantesco uróboro, de grandes violencias y pequeñas luces de esperanzas que venden, pero ya no emocionan. 

Tantas aristas en un pequeño terruño. Que no terminaríamos de contar, pero en fin. Muchos sabemos que la emergencia se acabará cuando ya no exista la Emergencia o la alternativa es que se transforme en una Legua Emergente. Para lo primero fácil, solo se lo dejamos al tiempo, al estado, al mercado y ya llevan harto camino recorrido. Desapareceremos como la villa San Luis en Las Condes, como los barrios históricos de Estación Central, como algunas poblaciones en San Miguel, mutaremos en lo que odiamos, seremos parte de este orbe sin sentido, ni razón; sin identidad, seremos un conjunto de moles de hormigón sin historia y ni siquiera tendremos un mísero valor arquitectónico. Quizás los que leemos esto, no alcancemos a verlo. 

Para lo segundo es más difícil. Para transformarnos en una Legua Emergente, necesitamos la unión de los vecinos y vecinas, necesitamos que los egos y rencores de nuestros dirigentes, se hagan a un lado mientras damos la lucha, y que NO contagien a las nuevas generaciones, a quienes no les pesa, nuestras batallas perdidas. Necesitamos de ese extraño amor por un pedazo de tierra, donde vinieron a tirar a nuestros abuelos. Necesitamos querer este pedazo de historia importante de nuestro pueblo, para la memoria y para el desarrollo de todos y todas. Necesitamos volver a identificarnos con eso y no con aquellos, que nos muestran y bombardean día a día, los medios. Necesitamos aprender de los procesos anteriores, de nuestros errores, de nuestros fracasos, de nuestras penas y también de nuestras pequeñas victorias. Necesitamos alejarnos y mirar con distancia y desconfianza, a aquellos que no han calificado, estudiado y a quienes han hecho enfrentarnos entre nosotros, alejarnos de quienes nos han separado y han puesto trabas en nuestras organizaciones. Necesitamos reb(v)elarnos a lo escrito, una vez más. Por nuestros niños y niñas, por nuestros sueños.



Antonio Concha
Poblador
01.12.2017

Todo es Cancha.  Diciembre. 2007

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Hilo 



viernes, 1 de septiembre de 2017

Ser Joven

     En una manifestación sobre los detenidos desaparecidos veo a una niña joven de unos catorce años, pelo rojizo, camisa escocesa roja y negro pantalones rotos en las rodillas y una foto colgada en su pecho. La foto en blanco y negro es de un hombre joven, quizás unos veinte años; tez clara y pelo ondulado. La imagen esta plastificada y perforada por arriba donde pasa un gran alfiler de gancho metálico, desgastado y dorado opaco. La joven sonríe y habla con algunos otros jóvenes, mientras de fondo suena música andina.
    En la manifestación hay muchas personas y es en frente del Banco de Chile en pleno paseo ahumada de Santiago. Un escenario en frente, y rodean a la gente, largos lienzos que cuelgan entre los árboles. Lienzos con decena de caras impresas en cuadriculadas, sin nombre, dirección o algo que indique quienes son o quienes fueron. Solo lo acompañan, y también en negro, grandes signos de interrogación. ¿Dónde están?
   ¡Cuán jóvenes eran todos ellos! Más que yo a esta edad. ¿Cuántas cosas quisieron cumplir como yo? ¿Cuánto soñaron? ¿Cuántas madres, en edad de mi madre sufrieron y quedaron a la espera eterna de noticias o justicia? Y la pregunta dolorosa ¿Cuantos compañero scouts, cuantos amigos y amigas de organizaciones sociales más jóvenes que yo hubiesen desaparecido si esto ocurriera hoy? ¿Hubiese sido posible todo lo que hacen ellos hoy, en esos tiempos? Ellos creían en un mundo nuevo como yo creo ahora, estudiaban, discutían, trabajaban, no tenían formación paramilitar, no tenían educación como la de hoy, creían.

   Vuelvo a la joven, que ahora levanta el puño exigiendo justicia de la generación de sus abuelos, hace quizás 50 años. Esta niña-mujer joven consecuente con su historia, vive piensa y exige por aquellos jóvenes que no pudieron hacerlo en ese tiempo. Porque su vida fueron cortadas en plenitud. La extensión de ese terror alcanza más allá del tiempo y de las generaciones. Eso pasa cuando se matan los sueños de otro.



    ¿Dónde está nuestra juventud? Y no me refiero a los niños y niñas u hombres y mujeres de una cierta edad específica. Sino que, a donde está nuestra juventud, la de cada uno. Incluso si usted lee esto y tiene 90 años. "Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica" decían en esos tiempos donde ellos, los jóvenes de las cuadrículas en blanco y negro, desaparecieron… o mejor dicho fueron secuestrados por agentes de un estado paranoico y brutal, asesino y cobarde.   


Ser joven y no ser revolucionario es también una contradicción Vio-lenta. Una contradicción sarcástica en nuestros tiempos, no válida para nuestros tiempos, donde llevamos la revolución por dentro. Ser jóven y no querer un mundo mejor es en chiste extraño, de humor negro, pero del malo. En fin, es una contradicción. Es una contradicción vivir y no ser joven, y aquellos que llevamos la revolución por dentro lo entendemos así, independiente de los años y generaciones. 

No podrán devastar nuestros sueños y alegría de juventud, ni aun así con los años.



01.09.2017

viernes, 30 de junio de 2017

Santa Ana Julio 2014

Todos los canales preocupados de un atentado a la iglesia de Santa Ana, seis camionetas con sus parabólicas apuntando sus microondas al cielo para informar del fuego. Mientras tanto, una pareja de indigentes comienza a tapar con plásticos sus cajas de cartón.  Esperarán la lluvia a un costado del imponente y vacío edificio, que sínicamente se hace la víctima y mira altanero haciéndose el sordo.


22.07.2014


Santa Ana en Junio

Salgo de las tripas de Santiago. Estación Santa Ana a cambiado, aunque me reciben las mismas palomas de siempre volando en círculos. La imponente iglesia es amarilla ahora (o siempre) y recibe los único y metafóricos rayos de sol en lo alto. Se siente el aroma a naranjas recién exprimidas de los carritos callejeros de los migrantes.  Ellos miran alrededor entre los vahos de los demás, como buscando a la policía que los acorrala sobre todo los viernes. Ellos está muchos más despiertos que nosotros, los obreros calificados entumidos, de finales de Junio.

miércoles, 28 de junio de 2017

Niños Zánganos

Cuando me dicen que los niños son zánganos, o minimizan la infancia a juegos y magia.

Pienso que no han escuchado la opinión de los niños y niña, es que no los han visto participar y luchar. No han visto las largas caminatas al colegio, los fríos de la mañana esperando el furgón, que los lleva a un colegio que muchas veces tampoco los escucha. Tampoco han visto a los niños que ayudan en la casa con sus hermanos, porque ambos padres trabajan. No han visto a niños que ayudan a sus padres en las labores de la casa, o en el mismo trabajo del campo, de la feria y tantos otros. No han visto, solo se ven ellos.

Ellos, los que han sido zánganos siempre, son los que efectivamente han tenido todo desde siempre, los privilegiados zánganos de siempre. Y que terminan viviendo en un mundo mágico de burbujas, y todo para ellos es un juego.

10.05

martes, 22 de noviembre de 2016

Lluvia de Balas

     Hoy es marte y el sábado mataron un narco, un tipo de 25 años.  Lo mataron fuera de un clandestino, un ajuste de cuentas según algunos canales de televisión.  El sábado también fue el carnaval de los 500 tambores de Le Legua, el número 13 o 15 la verdad ya perdí un poco la cuenta y eso es bueno. Los canales no dijeron nada de eso, pero ya tampoco espero que digan nada.  A estas alturas los canales hablan más de un economista pelao que cagó a algunos cuantos personajillos de TV, más que de la cruda de realidad del país, o de los casos por resolver en la justicia.  La gente no quiere ver eso tampoco, en realidad muchos no quiere ver nada. Deben estar muy ocupados, con cosas muy importantes.
     La chica del tiempo del noticiero central de anoche, tampoco advirtió la lluvia de balas que yo escucho en este minuto.  
     Algunos dicen que al fina'o de Ñuñoa  es de La Legua. Que vendría siendo sobrino o hijo del Jao o como se escriba.  Que lo mandaron a rematar en represalia, a la muerte de otro narco que involucra a pacos corruptos, que a su vez están emparentados con bandas podridas en revanchas.  Para mí, toda una reverenda mierda. Pacos y delincuentes.
     Ahí es donde se me viene a la cabeza, que el dinero y solo el dinero puede corromper a cualquier persona, en toda circunstancia y no hay moral que resista al dinero.  Lo más probable es que yo también caiga en eso, solo que mi precio es más caro.  Quizás no valgo un simple par de zapatillas o un gorrito de marca, muchos amigos que conozco se han hecho más caros aún y la oferta del narco no alcanza.  Porque la oferta del narco, son zapatilla Nike, ropa Lacoste, o DolceGabana calzoncillitos Calvin Klein, etcétera.  El narco legüino ofrece a sus soldados, estatus ecónomico-basura, no ofrece nada más, un estatus muy parecido al del futbolista exitoso: busos caros, buenos auto, ropa cara de mal gusto. Esa es la oferta del narco. No ofrece nada más.  El narco no ofrece estabilidad, ni estudios, ni tranquilidad, ni posición social, ni nada de eso.  Solo ofrece, el mercadeo de ropitas y vehículos, que tendrían si fuesen existosos como ciucos ricos o como ellos que le pegaron el palo al gato.  Quizás por eso me niego a usar ese tipo de cosas.  Háganse caros muchachos, tan caros que el monto sea inalcanzable para estos tipos.
Los narcos y delincuentes de baja monta,  muestran su poder disparando al aire, paralizando la población.  Muestran su poderío armamentista, a vista y paciencia de pacos asustados y mal pagados, que quieren llegar a sus casitas y que debieron, quizás, estudiar otra cosa, quizás ser jardinero como yo seré algún día.  Disparan ráfagas para generar el temor, como charros mexicanos de las películas viejas, o como vaqueros gringos para espantar a los comanches.  Por supuesto lo logran, nadie quiere morir en las manos de un estúpido y podrido narco, nadie merece tal cosa.  Morir por una bala loca, en honor a un muerto asesinado, producto de una revancha donde se involucran a policías corruptos, en medio de una “intervención” policial, para mejorar la situación, debe ser una de las muertes más terribles que debe haber.  No por lo doloroso, sino por lo estúpida de la situación.
El domingo recién pasado, después de la muerte  del famoso tipo, que requiere todos esos honores. Los muchacho debieron irse escondidos, el cura antes de la misa medio nervioso tocaba las campanas y nos ofrece resguardo por un rato,  nos quedamos en la calle escondidos un buen rato. Las madres y algunos pocos padres, se fueron llevando a sus hijos por la orillita de la vereda, todos en fila, tratando de esconderse y llegar rápido a casa.  Caminan rápido y con temor. Unos más que otros.  Siempre es uno más que otros, a mí me da más impotencia que temor y también un poco de tristeza.

     Es triste, si es triste, pero ya estuve triste, ayer y antes de ayer. Hoy quiero escribir.

22.nov.2016

Bala Loca


miércoles, 30 de octubre de 2013

Desde la Primavera, en el Chile en Colores

Unos cincuenta o quizás un poco más trabajadores,  entre barrenderos, basureros, auxiliares de aseo,  gritaban hoy fuera de una de las municipalidades más ricas del país. Las Condes.   Lo más probable, aunque no lo podría comprobar, es que ninguno de ellos vive en esa comuna.  Lo más probable es que ellos vivan en comunas periféricas y pobres como: La Pintana, La Florida, Puente Alto, Quilicura, Renca.  Creo que todos se levantan muy temprano y tienen que subirse a la micro (me cuesta decirle Transantiago) o al metro para viajar más de una hora apretados y aun costo monetario que claramente es caro para el tipo de servicio y para sus miserables sueldos.  Al llegar, tienen que ponerse sus uniformes fluorescentes que a ratos siento que los denigra, los marca, como faros en las calles, diciendo persona trabajando, verdaderas balizas humanas anaranjadas, amarillas y verdes fluorescentes, overoles y chaquetas con franjas reflectantes y bototos de seguridad que pesan sus buenos kilos para aplanar mas el cemento y las baldosas pulidas de la comuna en cuestión.  Vestidos y armados de escobas y palas, recogen las colillas de cigarros pintadas con rouge carmín, los papelito  de chicle que como son chicos no importa que se caigan al suelo, las boletas y comprobantes del Redbanc, las latas y botellas de bebidas,  y las hojas, las benditas hojas que como hoy es primavera no caen, pero ya será otoño otra vez, las hojas secas que solo en las ciudades son consideradas basura.       
Uno  de ellos tenía un balde plástico y por el reverso lo golpeaba con un pedazo de palo de  escoba, su grito me resultó extraño, en un principio. De hecho me hizo caminar más lento para ver si había escucha bien. ¡Queremos la tele! ¡Queremos la tele! – gritaba mostrando sus pocos dientes y tratando de animar a los demás a gritar, quizás un par lo seguían, lo demás movían la boca casi sin emitir sonidos, pero claramente movían sus tristes cabezas como diciendo. Sí, también queremos la tele.  Otros un poco más alejados miraban la escena  y  un par,  mas allá sentados en una banca, cuchicheaban y reían quien sabe de qué.  Una mujer de pelo largo y cano, con sus ropas azules y reflectantes se movía con un cartel improvisado y de mala caligrafía que decía: “Señor Alcalde: Queremos Nuestros Sueldos, Nosotros trabajamos por plata.”  
   
Hasta este minuto no entiendo lo de “Señor” alcalde, tanto respeto y miedo a perder el precario trabajo, cuantos hombres y mujeres viejos.  Llenándose de arrugas la piel marcadas por el hollín de las micros y los autos Audi de la concesionaria, partiéndose las manos de los polvos de estrellas,  mientras el arribismo cruza las avenidas,  sembrando monótonos cafés en cadenas con pretenciosos nombres como Starbuck.  Ellos, los basureros y barrenderos, pulen las anchas veredas para que pasen altaneros los “ciclistas” raudos en sus preciosas bicicletas, que cuestan un sueldo anual de los que barren.  No entiendo lo de “Señor” Alcalde.   


Tampoco entendí eso de querer la tele.  Con el solo hecho de tirar un piedra a la moderna estructura cristalizada de la municipalidad, hubiese llegado la tele a mostrar los criminales que son los violentistas, subversivos, incitadores a la violencia y la policía, con su buen adiestramiento ladrarán con sus gases y sus aguas fétidas. Y ahí vendrá la pregunta. ¿Quién fue el primero en ponerse violente? O bastaba con tirar una piedra a sus vecinos el Hotel Ritz Carlton,  donde también se preocupan los mismo barrenderos de dejar limpias las calles, donde pasar una noche cuesta dos sueldos mensuales de un barrendero.  Limpiecito el frontis del lujoso hotel para cuando llegue algún diplomático o el cantante famoso, limpiecito y libre de la basura de panfletos electorales, que lanzan los comandos de los candidatos presidenciales y que no dicen nada más que sus nombres. Ellos los tiene que recoger con palas y escobas, como basuras que son. Solo dicen sus nombres, sus inolvidables nombres que al final del día, en la misma tele que ellos piden a gritos que llegue se haga presente,   en esa misma pantalla ofertan: Sueldos Dignos, un Nuevo Códigos del Trabajo, Pensiones Dignas y una sarta de frases en liquidación de temporada electoral.    Sin embargo el “Señor” alcalde, que para mi gusto de señor solo tiene el látigo del fundo, el muy “señor” alcalde no le puede pagar sus miserables sueldos a los barrenderos de Las Condes.  Y la tele no llega. 
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