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jueves, 18 de enero de 2018

¿Cómo llegan a ser traficantes?



No es mi idea justificar nada, ni a nadie, sino más bien buscar respuestas a algunas preguntas que se me formulan y que me dejan con las palabras en la boca, ya que es largo de explicar. No soy un académico, ni historiador, ni perito, ni nada de eso. Solo quiero como ejercicio,  hacer un análisis de los eventos que veo y que vi, y tratar de responder (me) preguntas como: ¿Y por qué trafican entonces? ¿En qué minuto se perdieron estos cabros? ¿Cómo es que se pierden familias enteras?

Escalas paralelas

Siempre he pensado en esto desde que vi algo cuando niño: ¿Está bien que haya un niño desnudo, amarrado a una reja, en la esquina de mi/su pasaje, que un joven mayor lo vigile para que no se suelte y que no pueda arrancar? ¿Estuvo bien que el niño estuviera gritando y llorando,  y que los vecinos y vecinas que pasan por el frente (entre ellos yo), no intervinieran y no dijeran nada? Él no era mi amigo, pero si mi vecino, en plena Legua Emergencia, y debe haber sido en los años 80. Debo haber tenido 9 ó 10 y él un año más.  Yo también era niño y esa escena no se borra de mi memoria. Y vuelvo a preguntar ¿Está bien que los niños sean maltratados y que nadie haga nada? ¿Habrá sido un acto de justicia? ¿Habrá sido un arreglo de cuentas? o como se diría ahora es un simple old & hardocre bulling, (el anglicismo es innecesario lo sé), nunca he podido explicar lo que sucedió ese día. ¿Qué error cometió, para ese castigo? Creo que pregunté una vez, pero la respuesta tampoco fue clara.

Vimos muchas otras cosas en esas épocas: policía corrupta allanando casas; militares llevándose personas; tanques en las calles; hombres de terno y corbata, armados bajando de camionetas y llevándose a otros hombres entre los gritos de sus familiares; personas que no tenían para comer y pedían reja por reja con niños a cuestas, claramente no tenían donde y como bañarse, olían mal.  Era común ver familias que no tenían ropas, vestían mal, no tenían zapatos, y nos pedían a nosotros, los mejor acomodados que vivíamos ahí entre toda esa injusticia. ¡A nosotros nos pedían alimentos y ropas¡  Eso nos hacía ver que había gente en peores condiciones que nosotros y que teníamos la capacidad de ayudar.  Tanto así que algunos de mis amigos, ya más de grande en los ’90, se organizaban para visitar campamentos, llevar alimentos y juguetes para las navidades o para los inviernos, y por lo que sé, todavía lo siguen haciendo. Los calificativos que pongo, tienen que ver con la realidad que nos habían construido ya de forma colectiva, pero eso lo explicaré más adelante.   Esto veíamos y a veces nos impactaba, a unos más que otros.

También vimos al cometa Haley, la bengala del Cóndor, los festivales de Viña y teletones uno a una, y la sufrimos y disfrutamos según correspondía.  La televisión siempre presente como factor de educación informal.  Por supuesto que nos hipnotizaban con el valor de las cosas, el adquirir, el significado del éxito, nos mostraba (y nos muestra) quienes deberíamos ser, para ser aceptados, que deberíamos estudiar, y como debería ser nuestros hogares, y como lograr el estatus deseado según la marcas que usas.   De todas formas, quizás necesitábamos de esos ritos de teletones,  festivales y los partidos de la selección chilena, quizás era lo único que nos hacía parte de una patria, parte de algo, un poco de identidad. Así es como la bandera no ha faltado, no falta, ni faltará.   La calle principal de La Legua hoy tiene cinco banderas en la calle principal. Todo el año.  Aunque la patria solo les entregue una nacionalidad y algunos frágiles derechos.  Cuando llegaron desde las tomas, las salitreras o desde la emergencia habitacional (segregación), llegaron con sus banderas y con un amor a la patria, tan mal correspondido como lo dice Violeta.

Dormir, comer, jugar, vivir y todo lo anterior, en una pequeña casucha que llamábamos casa. Y no es más que un conjunto de panderetas y tabiques de tabla de 36 metros cuadrados sin jardín y un patio de tierra, para guardar cachureos o hacer una ampliación de unos 4 metros cuadrados más (y quedar sin patio). Entrelazadas todas con una fachada en común, donde solo nosotros sabíamos dónde comenzaba una y terminaba otra.  Detrás de las panderetas de madera, se podía escuchar las fletas que les daban a mis vecinos, o cuando la pareja de vecinos del otro lado peleaban, discutía a chucha limpia o se golpeaban.


La escala de valores en este lugar, está alterada o más bien es una escala paralela distinta. Una escala, donde es normal: que el padre viole, mate y asesine, que venda droga; que las madres, los seres más perfecto para nuestra existencia, sea capaz de vender drogas, primero para alimentar y vestir a los suyos, luego para darles lo que ella nunca tubo y finalmente, para darle todo lo que anhelen o exijan, porque ya los mal acostumbró y es lo que vieron por televisión, y que ni en la casa, ni en colegio le dijeron que estabas mal.  O al menos no con la fuerza y la moral necesaria, para que ellos creyeran.   Una escala donde se puede cambiar comida por droga, ropa por droga, etcétera, y donde no hay toda esta moralina o análisis que hago en este momento.

También es común y quizás normal en esta escala y en esos años (quizás ahora también), que el papá golpee a su pareja y a la familia completa, la violencia es una forma de educación aceptable, una forma en imponer tus ideas, tus formas, lo que tú quieres hacer.  También puede ser normal que el papá (si es que aún vive con la familia) se vaya de fiesta y llegue cuando él quiera, violento o perdido, drogado, pegado en el techo, arriba de la pelota, pegado en un horizonte.  El alcohol y la droga se normalizan, se hace habitual.  También lo hacia tu abuelo, así que es algo generacional.

Y no solo en la familia propia cambian estos estados “normales” de las cosas. En el entorno directo también hay extraños cambios de valores morales, si es que se puede decir de esa manera.   También cambian el valor de la cosas, la cosificación de las vidas de forma inconsciente pero palpable a cada minuto: Un auto vale más que una persona,   un par de zapatillas vale más que la dignidad, una marca incluso vale más que su propio valor estético. 

Un hombre pasaba cambiando pelotas de goma por zapatos usados, en las tardes de verano. Siempre hay algo que lo desordena todo y cuesta encontrar los valores reales de las cosas.  Nunca entendí del todo ese último negocio.

Hablo aquí de violencias, hacinamiento, injusticias,  de un mundo paralelo, llenos de factores: internos y externos; históricos y de futuro, intervenidos y olvidados.  Algo que nos gustaría saber y tener la respuesta, un estado de las circunstancias que nos gusta juzgar bajo nuestros parámetros de una aceptada normalidad, bajo nuestra escala valórica, si es que otra vez se puede llamar así, estando ellos en otra paralela y distinta.


La Omisión

La institución contribuye con la omisión de las denuncias, el silencio a veces brutal por parte de las organizaciones y de todo quienes deberían velar por la integridad en derechos de todos los habitantes, termina naturalizando la violencia en todas sus formas.  Colegios, iglesias, policías, municipalidades, los distintos ministerios de gobierno, partidos políticos.  Solo rescatar que hay momentos y personas que si lo hacen, pero que las habitantes no siempre se enteran.

Luego en el trabajo se normaliza, el maltrato, la explotación, las situaciones de abusos, afectando también las escalas de valores. También omitimos, no denunciamos, quienes sufrimos de esto en algún minuto.

En los colegios hay violencias, en los hospitales hay violencias, para la vejez hay violencias específicas, para la niñez brutales violencias específicas, también para la mujer  en todos estos ámbitos y más, y otra vez.   Podría llenar cuadernos detallando las violencias que se omiten, las que se callan y las que se denuncian.  Las violencias normalizadas son muchas, en todas escalas de valores, de todos los estratos sociales.  Claramente en algunos sectores, la normalización de estas violencias es brutal y casi irreversible.

La Caída en el Círculo


Un ser humano, violentado, abusado, marginado, omitido…  tiene una baja autoestima, no tiene claridad mental, tampoco ha sido educado ni en contenidos ni menos aun emocionalmente, por lo tanto tiene también conductas autodestructivas que ni él entiende y menos nosotros.  Tampoco hacemos esfuerzos de entender.  Ya a esas alturas está en un círculo vicioso.  Una primera actitud en ese sentido, la primera venta, el primer robo, es reprochada por la sociedad completa, por su familia en algunos casos, por el mundo laboral que con una doble moral solo omite lo que no le afecta directamente, el colegio por incapacidad de atender los casos especiales, las necesidad especiales,  y las entidades del estado que dejan fuera, marginan, desde antes y más ahora, cuando dan el primer paso hacia el delito.  Llegado a eso, se denuncia a toda voz, olvidando sus propios crímenes de omisión.

Nosotros los jueces, condenamos el acto inmediato, sin ver atenuantes, antecedentes previos, nada, solo lo inmediato, el aquí y el ahora imperdonable. Juzgamos y Condenamos.


Memoria Colectiva

La memoria colectiva donde también se construye identidad, traspasa generaciones.  Me explico. Cuando supe lo que les hicieron a mis abuelos, a mis padres y luego a los pobladores; también a los abuelos y padres de mis pares, de mis cercanos, se va construyendo una memoria.  No hay casualidades, al repetirse, pareciera que todo fuese sistemático y no un azar.

No solo se conforma este sentimiento individual, sino que es un sentimiento colectivo de injusticia.  Con el tiempo va tomando fuerza se prepara para salir.  En el peor de los casos eso se transforma en rabia incomprensible, en desazón de vivir, en violencia, en venganzas.

En el mejor de los casos en construcción, en infinidades de forma de expresión.  Todo ese descontento sale de alguna forma.  En formas de luchas inimaginables y solas depende de las oportunidades.
 
Aquí, bajo estas circunstancias que a tantos les gusta comentar, aquí no hay medias tintas.  Aquí eres chicha o limoná.  



***




Si resumimos un poco: las violencias naturalizadas; las escalas trastocadas, alteradas; las autoestimas bajas, resultado de dichas violencias; las malas decisiones que parecen irreversibles; la memoria, la historia, el sinsentido y los sistemas económicos actuales, que incluyen: la mala educación, la pésima salud, el miserable trabajo. Todo eso en conjunto, parecieran empujar y mantener a muchos hombre y mujeres, en un mundo paralelo donde la droga da sustento a sus sueños, donde ellos no se dan cuenta, que en realidad solo les destruye sus sueños.  Y nosotros desde este mundo: solo juzgamos, analizamos, condenamos y no hacemos otra cosa.  Y no quiero justificar, sino buscar la razón donde parece que no la hay.    







Tarugo y Tonga

18.01.2017


Indice de Desigualdad - Técnica Mixta 

Indice de Vivienda Digna - Técnica Mixta

Indice de Violencia - Técnica Mixta

jueves, 3 de noviembre de 2016

Incapacidad

No soy capaz de hablar de amor cuando lo demás habla como si fuese un adjetivo banal, ¿Cuánto tiempo se tardan en nombrar la palabra al viento? Como si se tratase de una promesa a uno mismo  ¿Cuánto reflexionamos sobre nosotros, arriba de nosotros, desde lejos mirándonos al hablar de amor? ¿Cuánto es lo que llegamos, a revisar, a escarbar, a raspar la piel, antes de decir la palabra al oído?  Era la Colorina, la que decía en su poesía que su única lucha y triunfo sería encontrar la palabra que le habían escondido,  ella y cuantos más, años, siglos buscando y quizás no era esa la palabra, sin embargo otros, la sueltan así sin ninguna culpa, sin miramientos, como sueltan las hojas los árboles o los vientos, no sé.  Cuantas palabras vacías por minutos, cuantas lanzadas a los riscos, como ecos perdiéndose en la sinsentido, del abismo de silencios.      
La idealización del amor lo está llevando a su fin, el romanticismo que evoca, o más bien, que le imponen lo desmiembra, ese amor que se muestra siempre tan limpio, tan pulcro, tan redondo, tan sincero  y se nos olvida, que por amor se mata, que por amor se enloquece, que por amor se odia, que por amor se vuelve uno estúpido y cree saber más que el resto.  También que por amor se miente y se escribe.   Claro algunos dirán, es que eso no es amor e intentarán dan cátedra de algo que llevamos investigando, experimentando, sufriendo y sobreviviendo miles de años sin encontrar respuesta. Creerán ellos, al menos por un rato, que si saben lo que es amor y tratarán de explicarlo, casi con lujo de detalles, pero irónicamente nosotros sabemos que esa persona no sabe, que en realidad nadie sabe, y él, terminará dándose cuenta que tampoco sabe y terminará cambiando el tema, para no parecer ridículo, siútico o alguna otra esdrújula.
Y me pregunto entonces ¿Qué es?, así como Rojas se preguntaba ¿Qué se ama cuando se ama? Y en vez de responder, responderse o respondernos, deja la duda eterna inconclusa en una poesía, como si nosotros supiéramos que es poesía.   
Al menos ahora sí puedo decir, que el amor también es posesivo, es adictivo, es celoso, es ególatra también y  a ratos, narcisista.   Algunos dirán que ese tampoco es amor, pero son los mismos que dicen amar la lasaña, o amar las botas negras de nobuk, o amar Hard Sun de Pearl Jam.  ¡Quién los entiende!

¿Y qué sé yo de amor? ¿Y qué se yo de poesía?, quién me manda a mí a escribir de estas cosas, si soy tan enredado. Al menos sé que las dos tienen cosas en común. La poesía y el amor. 
Te ofrezco amor del bueno y dejaremos las cursilerías.

caballo rayo (acuarela sobre papel)
Caballo Rayo (acuarela sobre papel)


lunes, 13 de enero de 2014

Tu hombro montaña de mis dedos

Tu hombro, la cima plácida de la montaña de mis dedos
las sábanas, el desierto tibio de las nubes de tu pelo
la hora, que gira sobre todas las constelaciones de tu pecho
y los soles en tus ojos se oscurecen
y se tallan en mi memoria antes de dormir



jueves, 11 de julio de 2013

miércoles, 6 de marzo de 2013

Insecto Rojo

Un insecto rojo en el cielo celeste
carga palabras en sus patas traseras
y entierra insultos con su lanceta verbal

Vuela sin quitar el aire a otros
desde muros rayados con poesías
hasta las rocas de colores corroídas

El insecto de alas pardas  rojas manchadas
parece tener más ojos que bocas
escribe con el polen de la pata derecha
de una flor de acantilado
lo que piensa de la montaña

A veces, debe vomitar sobre su comida
al igual que sobre sus palabras
cada vez que se para en la mierda
del egoísmo y el ídolo
del absoluto y el fanático

Al final, se enfrenta al espiral
a la explosión  y el derrumbe
al círculo infinito del viento
y al marco estúpido de la regla
en la ventana
altanero  y hermoso
con sus colores
llenos todos de rojos
pensando que la vida es una
y que el mundo es su patria
que la flor es su país
que ya no hay más que pedir
que no vale la pena sufrir

Todo
todo para morir mañana
después de un solo día
un solo día,
apagado por la noche
donde ya no se ve
ni tampoco importa
su propio color.




martes, 22 de enero de 2013

Precariedad

Hermosa mágica precariedad
desde la camisa hasta el zapato sin atar.

Sé que no me entenderán
les parecerá burda la decisión
de despejar las brumas sin pedir perdón
de mostrar el pecho a la luz
a la falsa la realidad.

Puede que entiendan como débil
el mostrarse con toda la verdad
el manchar con tinta la vanidad
o indicar el camino del que busca
lo que sabe no encontrará.

Sé que no se tomarán el tiempo
de ver el alma pasar
desde la hoja desdichada
hasta la miga del pan
desde la mancha de vino
hasta la palabra igual
no la verán pasar
aunque los quiera atravesar.

De todas formas les escribo a ustedes
aún así sabiendo que no leerán
desde ahora que es domingo
hasta un rincón mundanal
o desde la orilla de un triste abismo
hasta cualquier tiempo que da igual
aunque a ustedes no les importe
este es mi mundo, para ustedes banal.



lunes, 7 de enero de 2013

Ver

Si, veo lo que tú no
Y no porque tenga mejor vista
o por alguna capacidad especial.

Solo abro los ojos
Porque no hay ningún prisma
Porque no hay ningún lente
Porque no hay ningún parche
Que esconda la verdad.


Ojos de Aglomeración

Pienso en como incrustar la idea a la distancia
en la piel de tu memoria.

Pienso en eso porque a ratos,  
siento que quieres sentarte
a mi lado o frente a mi
explicarme como vez el mundo
y preguntarme como lo veo yo
entre vino tinto y sarcasmos
entre bajas luces y cigarros
coincidir en lo que odiamos
jugar con las palabras
recordar  viejos estados
anhelar tanto pasado.

Sentir la tensión del humano
y renegar de lo divino
mirar tus ojos felinos
y tocar tu mano.

No estamos solos
a la distancia.

Cuantos viven como nosotros
construyendo un ideal
cociendo a mano y sin dedal
mostrando los huesos
a esta realidad criminal.

Cuanto ves en tus ojos
cuando miras hacia atrás.
Al bajar de la escalera del ego
al trapear la escalinata
de la guerra verbal.

Cuantos ojos brillan
cuando enciendes un vela
o cuantos miran las estrellas
espaladas con espaldas
cuantos guardan su puñal.


No estamos solos
a la distancia.

Hay más como tú y como yo
que no entienden el ritual.



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