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viernes, 8 de junio de 2012

Cociendo


Pasa la aguja en un vestido claro, sus manos son jóvenes y ágiles cociendo, tejiendo, bordando.  Encima de la mesa tiene una pequeña cajita, un costurero, llena de botones e hilos, y una pequeña almohadilla con muchos alfileres y agujas ensartadas. Sin dedal que protegiera sus dedos, con una vista excelente, enhebra la aguja decenas de veces y cruza el género con paciencia agradable, puntada tras puntada, confecciona las pequeñas ropas.  
Mientras zurce, le inventa historias a Víctor y a Hortensia que toman té y comen pan con mantequilla sentados a la mesa.  Julia y la pequeña Lucy duermen en el dormitorio, a esa hora cálida de las cinco.    
La tarde es tibia y el sol anaranjado entra por la ventana que da a la calle y un florero de vidrio grueso, lleno de agua, refleja la luz entre los gladiolos e ilusiones que lo adornan y que esconden las miradas de los niños y la madre.  Cose un pequeño vestido para Julia, mientras piensa en que cocinará para la cena, a qué horas llegará Carlos ese domingo. 

–“Sopa, ajiaco o albóndigas, o traerá pescado para hacerlo frito. Un poco de arroz con leche para los niños”– pensaba ella sin desviar la vista de la tela y la aguja.

No se cansa, no se queja, sonríe y le cuenta algún chiste a Víctor que suelta una preciosa y feliz carcajada.  Desenreda el hilo que se atrapó en el entramado de una cinta roja  de raso y  Hortensia ya terminó de tomar su té, para que no se fuera a quemar, Lucía se lo había servido en el platillo.

–“¿Quedará parafina para cocinar? Mejor hago algo simple, no más, para no tener que ir a comprar.  El arroz está en un rato, así que eso no es problema”– pensaba mientras miraba de reojo a sus niños.   
Le falta poco para terminar el vestido y ya son casi las seis, Carlos llegará temprano hoy y el sol se esconde entre los cables y los postes de enfrente de la casa, la que se ensombrece lentamente. Termina  las últimas puntadas, remata la costura y enrolla el hilo en sus dedos y lo corta de un tirón.  Extiende sus brazos con el diminuto vestido entre sus manos, como para mirarlo bien, mientras estira a su vez la espalda y mueve un poco su cuello. 

Ella tomó la cuchara de plaqué, revolvió brevemente su té ya tibio y bebió un par de sorbos. La pequeña Lucia despierta y llora en el dormitorio.  

viernes, 16 de marzo de 2012

Josefina


A Julia por su cariño al contarme historias.


“Lleva la vida entre los huesos y la carne,
en la vena que cruza el cuerpo cansado
y que llega a la sien, tarde o temprano. 

Ha trabajado toda su buena vida, tu vida,
por verte libre y entre los árboles jugar,
reír  amar y ser amada”

Josefina

                Faltaban casi dos horas para que saliera el sol, hacia frio en esas fechas, mucho frio y caía una pequeña brizna afuera, una delgada neblina bajaba casi imperceptible.  La calle y todos los potreros estaban oscuros, allá las canchas llenas de posas de agua, reflejaban a penas, las luces tenues, entre amarillas y anaranjadas, que colgaban de los postes de madera,  parecían las luces de un puerto lejano. Había llovido durante la noche, el asfalto desgastado y carcomido estaba húmedo y oscuro.  No había muchos que se levantaran a esa hora.  Los perros callejeros, mojados, casi congelados, no le ladraron ese día.    
                El había ordenados rápido y hábilmente los diarios y los había metidos cada uno dentro de  una bolsa y luego todo juntos en la caja que estaba amarrada a la bicicleta.  Llevaba puesto, un chaleco grueso café tejido a mano, encima una chaqueta larga y oscura, un gorro de lana cruda y un par de guantes, se puso una amarrita en el pié derecho, para no pescarse el pantalón con la cadena. La bicicleta roja, fría y un poquito oxidada  estaba lista, era bicicleta de dama lo que le había costado varias burlas de sus amigos, “La Josefina” la había nombrado. 
Empujó suavemente la bicicleta, silenciosa hasta llegar a la calle.  Se subió y  pedaleó lento al principio.  Respiró profundo y sintió el aire frio de la mañana entrar por sus narices y llenar su pecho.  A veces en la soledad del pedaleo, parecía que le hablaba y le daba las gracias a su Josefina. En realidad le hablaba a ella para darse fuerza a él y pedalear varias horas y entregar el diario a tiempo, pare ir luego a su otro trabajo en la tarde y llegar bien a su casa. 
                Pedaleaba varias horas al día arriba de la Josefina, esquivando autos y tirando hábilmente los diarios a las casa, sin detenerse ni bajarse.        
***

                -¿Donde estará Carlos? – pensaba y lloraba hacia dentro sin lágrimas, que sus hijos no la vieran – ¿Dónde más puedo ir? No quiero pensar más tonteras, debe estar bien. Hay Señor tráelo luego, que llegue luego.- Miraba hacia un horizonte perdido, quizás pensando en algún  lugar desconocido.   
                - Victor – llamó a su hijo – ¿Porqué no vas a ver a tu tío a allá  al Pinar y van de nuevo a Providencia a buscar a tu papá? Debe estar por allá.- dijo ella con tristeza en la voz.
                El también estaba preocupado y triste.  Iría, pero cada vez se hacía difícil que las esperanzas no se disolvieran, ya habían ido a la morgue de algunos hospitales, a comisarias. Ya le habían preguntado a varios amigos, familiares cercanos y lejanos, consultado en los dos trabajos que tenia.  Lo habían ido a buscar  a muchos lugares sin ningún resultado. 
                 Había salido hace seis días en su bicicleta, en la mañana muy temprano, bien abrigado. A repartir el diario en el sector alto de la ciudad. Desde ese día no había llegado, desaparecido no había dado luces de ningún tipo, nadie sabía nada de él.  Algunos temían lo peor y en casa la desesperanza crecía.       


***

                -Buenas tardes, sabe ando buscando a un caballero, es mi papá, hace seis días se perdió, lo hemos buscado por todos lados, puede que haya sufrido algún accidente –
                -¿Cómo se llama su papá?- dijo la señora de la recepción.
                -Carlos Concha Navarrete- dijo Victor con voz clara. 
                -Espéreme voy a ver - dijo ella y comenzó a buscar en las carpetas encima del escritorio, se dio algunas vueltas, abrió un par de cajones, miró en el estante de más arriba, inclinándose.  Atendió a otra persona, mientras Victor esperaba.   Era la segunda vez que iba a ese lugar, la primera vez no lo habían tomado mucho en cuenta, quizás porque eran menos días o la simple voluntad de quién lo atendió esa vez, no fue la de ahora.  
                - Joven - dijo la recepcionista - No hay nadie con ese nombre aquí, pero revisando tenemos a una persona que no sabemos nada de él, está aquí como N.N. , sufrió un golpe fuerte en la cabeza, estuvo inconsciente y perdió un poco la memoria, está como confundido todavía, lo trajeron los carabineros hace casi una semana. Acompáñeme por acá – la señora comenzó a caminar con pasos cortos pero rápidos, hasta que llegó a un sala donde habían varios enfermos.  Victor caminaba un paso atrás por los laberintos de la clínica,  y cuando llegó a la habitación, le costó reconocerlo, pero al final vio a su padre durmiendo en la camilla.
                - Si, él es mi papa, pero ¿Que le pasó? -  dijo Victor acercándose rápidamente a un costado de la camilla, puso su mano en el hombro de su padre, sintió un alivio enorme.
                - No sabemos mucho – respondió la señora - carabineros lo trajo por que al parecer cayo de su bicicleta, lo encontraron tirado en el suelo inconsciente, aunque también lo podrían haber asaltado, la bicicleta quedó en la comisaría, quizás lo empujó algún vehículo, no se sabe que le pasó.  Lo que sí, tiene un golpe en la cabeza que le hizo perder la memoria, como le decía, por  eso nosotros todavía lo tenemos ingresado como N.N.  El no sabe muy bien donde vive, como se llama, quizás no lo reconozca a usted tampoco.


***

                -Aquí tenemos las bicicletas – dijo el cabo, apuntando con su mano abierta mostrando un montón de bicicletas arrumbadas, una a una,  apoyadas entre sí. Viejas desarmadas, con las ruedas chuecas y desinfladas, bicicletas de colores oxidados y entierrados.
                -Que hubo. Esa es la Josefina, esa no se me olvida. – dijo Carlos apuntando su bicicleta. 

Bicicleta en Curicó - 2011 

viernes, 7 de octubre de 2011

En la Higuera


"Una niña juega a recordar arriba de un árbol, una preciosa higuera es su felicidad.  En las raíces están sus sueños de niña princesa, en lo profundo de esas raíces están sus recuerdos de infancia sin tiempo. Cada grieta del tronco del árbol, recuerdan como cicatrices los caminos a lo alto de las ramas, su sonrisa entre las hojas se dibuja junto a sus bellos anhelos.  No le fue fácil llegar allí a recostarse entre sus ramas a escuchar los zorzales que le cantaban solo a ella.  No le fue fácil llegar a ese lugar, a sentir cuando el viento cantaba con las grandes hojas su nombre.  Lucía. "...


martes, 17 de mayo de 2011

El Anti Discurso de un Constructor Inseguro

Ciudad Nueva, 30 de Febrero del 1002

Estimados señores creativos creadores, artistas contemporáneos y de los otros, arquitectos de ideas ingenieriles, señores no pensantes sino sensibles e ideas afines, señores de las artes del lenguaje común y del rebuscados, señores y señoras presentes pensantes y viceversa, jóvenes inquietos y revolucionarios biológico-genéticos, amigos y amigas educadores actualmente en contradicción con sus egos o que lo estarán en el futuro, señores; constructores todos.      
No me he detenido a pensar, sino que he pensado mientras trabajo, he reflexiona acerca de nuestra tarea y he llegado a un fin inconcluso, estoy pensando que: el pensamiento libre y de batalla interna primero, es lo que más se necesita para nuestra tarea.  Necesitamos cuestionar nuestros discursos siempre. Para que cada vez sean más cercanos a la verdad de nuestros pensamientos más internos.  Debemos clarificar nuestras eternas dudas por siempre, para no equivocarnos nunca.  Ahora si nos equivocamos, siempre lo podemos reconocer, siempre los debemos reconocer, yo reconozco que me equivoco muy seguido y que cada vez que me dirijo en un discurso me equivoco y este, no será la excepción.  Si amigos y compañeros de tareas constructoras, todo puede ser replanteado, rehecho, repensado una vez que descubrimos el error y si no descubrimos los errores de todas formas lo podemos rehacer, podemos reconstruir siempre infinitamente. Hasta las verdades de cada uno de ustedes se pueden rearmar. Se pueden destruir todas sus teorías, se pueden derribar todos sus mitos, con tal de construir otros más bellos o más feos.  El constructor de este mundo en eterna edificación, debe ser cauto y entender que la verdad que lo explica todo, la verdad terminada, acabada, concluida, no existirá ante sus ojos, siempre estará en constante evolución e involución, como una torre de babel inmensa y eterna que nunca llegará a la sabiduría suprema absoluta, porque sabemos que perderemos el leguaje común, porque sabemos que hablaremos en distintos idiomas y grandes columnas caerán, mientras nos volvemos a poner de acuerdo  para volver a comenzar y construir nuevas paredes y puertas.  
Sabemos, que aun así con esas dificultades, podemos seguir escribiendo, pintando, pensando, esculpiendo nuestro nuevo mundo posible.  En todos los lenguajes inventados por el hombre y por supuesto por la mujer. Construiremos por la simple razón de ser, por la simple razón compleja de pensar, sin más ánimo de ser y construir, por la simple razón.  Porque siempre será más difícil y desafiante explorar construir, que simplemente destruir y quedarse sentado a la orilla de la historia, a ver como cae la torre o la ventana de otros. 
Para seguir construyendo debemos derrotar los absolutos, los concretos, los totalitarismos, los negros y blancos.  Debemos tapar el sol con dos dedos, debemos mirar de cabezas, las esculturas humanas y divinas, miraremos el reverso de los cuadros que están en nuestras paredes y leeremos entre líneas los cuentos y poesías nuevas y antiguas. Para poder ser muy buenos constructores, debemos ser muy buenos destructores también.
El pensar libre debe permitir que mi discurso de constructor inseguro,  pueda ser derrotado, que mi ignorancia pueda ser revelada en todo momento, que los grandes sabios puedan crucificarme por no aprender rebuscadas palabras y aprender de todas las teorías de verdades máximas, deberán enseñarme con manzanas y limones a destruir mis ideas libertarias y ustedes  camaradas, compañeros y colegas, amigos y hermanos, también tratarán de destruir mis ideas.  
La gramática, la dialéctica y la retórica, deberán ser grandes hermanas del nuevo constructor, pero también la acción, porque de que sirven los planos de nuestros castillos de arena, de que servirían nuestras ideas en nuestras cabezas encerradas sin liberación, de que servirían nuestros sentimientos y emociones sino se plasman en el arte, de que sirve este arte sino quiere sanar a otros y a nosotros.  La retórica de la imagen y de la obra,  la dialéctica del baile y de la danza, la gramática de la música, de la arquitectura y del debate, todas ellas.  Serán nuestra pala y nuestro cincel.
El pensamiento amigos constructores, debe ser liberado y atado a esa libertad, el lenguaje debe ayudarnos a esta liberación, el lenguaje escrito y el hablado.  El lenguaje del arte y del silencio, el arte del lenguaje y el pensamiento.  La utilidad del arte debe ser discutida, tanto como la utilidad del lenguaje, tanto como la utilidad de discutir, tanto como la inutilidad de este discurso.
Mis argumentos para estas teorías, deberán construirlos o destruirlos ustedes en el pasar de sus trabajos, este discurso no tiene mas fin y utilidad que ser, que crear y crear otras creaciones, no se argumenta ni se sostiene en nada más que un pensamiento contradictoriamente sarcástico o sarcásticamente contradictorio, la verdad no lo sé.
Por último señores contradigo todo aquello que yo pude a ver dicho hoy, si desde aquí se toman para crear una verdad completa o máxima.
Buenas noches.        
          
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