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martes, 23 de octubre de 2018

Herbario (hierbas prohibidad)

Cuando reviente los pavimentos, las porfiadas hierbas prohibidas.

Hierbas/Yerbas Prohibidas
Herbario 10.18
Yerbatera

martes, 20 de marzo de 2018

Rey de Espadas XII

     Un rosario de plástico blanco colgaba desde el espejo retrovisor, moviéndose agitado sin ritmo aparente, chocando a ratos contra el espejo.  El taxi doblaba la esquina, cortaba rápido el aire que entraba por la ventana y apagaba el silencio del callejón. Ellas le habían indicado al chofer que querían ir a la calle Departamental, a la discoteca  Klein Club.  Jessica no estaba contenta, ni de ánimos todavía.  Había logrado salir de la casa mintiendo y con plata que había robado sin miramientos, desde la billetera de su padre.  Solo ella lo sabía.  Su amiga intentaba darle ánimos con comentarios varios, sin mucho sentido y sin lograrlo.  Las dos jóvenes se juntarían con dos tipos un poco mayores que ellas, que comprarían algo de alcohol antes de entrar al lugar.  Pisco esperaban ellas.  Lo beberían en la calle a la vuelta del local, ya que, una vez adentro cualquier trago costaría el triple de caro.  Tampoco tenían dinero como para ir a algún bar o algo parecido y aunque tuvieran, preferiría aprovecharlo mejor, quizás comprando algo más. Muchos hacían lo mismo, nada nuevo, lo habían hecho decenas de veces antes.  Ellas, eran menores de edad, pero no les preocupaba, entrarían igual a la discoteque. Sus cuerpos maduros le darían la entrada ante la inspección del morboso portero.  Si entraban antes de las doce, lo harían gratis, los tipos mayores deberían pagar de todas formas.  Así el negocio funcionaba bien, se llenaba de “minas temprano, para que los buitres y jotes dejaran de dar vueltas, pagaran su entrada temprano y cuanto antes, se pondrían a consumir  en la barra.  Ellas no llevaban ninguna identificación, no les serviría de nada demostrar que eran menores, solo tenían unas pocas monedas que quedaban para la vuelta, solo si era necesario.  Solo Jessica llevaban un pequeño estuches de maquillaje y un par de chicles sueltos en el bolsillo.  Jessica era un poco mayor que su amiga e intentaba guiar toda la situación, pero su amiga se dejaba guiar solo cuando le convenía.  Los tipos invitaban lo que fuera con tal de ir acompañados, “los muy huevones y machistas” pensaban ellas, pagarían hasta el taxi de vuelta.  
Ellos esperarían toda la noche “salvarse” con alguna de ellas o con otra que les diera “la pasada”.  Ellos solo iban de caza, bien preparados  con sus perfumes baratos y sus peinados con gel, ropa de marcas ojalá bien visibles, que a muchas atraían. Una suerte de burdo estatus pensaba uno de ellos, que no lo decía siempre. Jessica, estaba pensativa esa noche y su amiga lo había notado, pero no había dicho nada, creía  adivinar y no quería pasar toda la noche de fiesta, convertida en pañuelo de lágrimas, así que no le tocaría el tema.  

   Jessica, estaba decidida a hacer algo para alejar a su ex esa noche, ella sabía que estaría en ese mismo lugar,  pensaba en besarse con algún cualquiera esa noche, frente a él para cortar de cuajo cualquier esperanza y posteriores molestias.  Estaba decidida y esta vez, no era el temor a engancharse más de la cuenta que había sentido en relaciones anteriores, era otra cosa, ella lo quería y le gustaba estar con él, no le daba miedo, ni él ni su relación.  Ya había terminado con el tipo, pero este no la había tomado en serio, insistió algunas veces más.  Al menos coquetearía con alguien es noche, pensaba.  Ella sabía que él, iría con algunos amigos y tenía que hacer algo, no quería que se le acercara.  Quería dejarle claro que ya no le interesaba más, que no quería verlo, ni siquiera sentir su mirada, si tenía que repetirlo varias veces, lo haría.  A ratos, sentía estúpido hacer todo eso. Mejor se habría quedado es su casa evitando todo, pero ya iba en camino, no era tiempo de arrepentirse.  Susana, su amiga, había insistido tanto que la acompañara.  
                
     La joven, veía su reflejo en el vidrio del taxi, se pensaba hermosa y triste esa noche, con esa belleza que da la tristeza a ratos. Arreglaba su pelo  sus ojos, mordía sus labios, quizás arreglándose el labial. Su amiga no adivinaba su intención y tampoco ella quería contarle nada, parecía un pacto no dicho.  Tú no preguntas nada, yo no diré nada.  

     Las cartas la tenían pensativa también y ella lo sabía.  A cada segundo se le venían a la mente las cartas y las palabras de la tarotista.  Se le revolvía el estomago cuando pensaba y asimilaba las cartas a su realidad.  Cuando pensaba en las coincidencias.  A veces, tenía la idea de estar sugestionada y trataba de bajarle importancia a sus ideas, pero desde la mañana que volvía ese pensamiento en un espiral interminable.  Tenía que seguir el consejo.  

     El taxi atravesaba calle tras calle, dejando atrás a decenas de muchachos que a esa hora buscaban vehículos para llegara a algún lugar donde divertirse, era noche de sábado.  Jessica seguía mirando por la ventana, alternando entre su reflejo y el afuera. Dejaron de importar un poco las cosas ahora, la noche era lo que era, ellas también.  

    Ambas pálidas y frías, con sus ojos un poco desorbitados, entraron después de beber dos petacas de pisco y después de fumar al menos una docena de cigarros.  Le habían ofrecido marihuana, pero no quisieron esta vez.  Los tipos eran revisados minuciosamente en la entrada, mientras ellas solo cruzaron la puerta, pasando frente al portero o guardia,  sin saludar siquiera.  Los destellos de las luces y el golpe del bajo de la música que casi explotaba más que sonar, rebotaba en sus ropas claras y de colores vivos. Les corría la emoción por entre sus venas, junto con él alcohol casi puro que habían bebido rápido y sin disfrutar.  Las luces de colores llenaban el lugar,  mostrando los humos de los cigarrillos y siluetas de rostros sumergidos en la oscuridad del lugar.  Cuerpos jóvenes con movimientos extraños danzaban en una trama de música, luz y oscuridad.  Ellas, trataban de lucir unos cigarros entre sus dedos para verse mayores.  Las chaquetas encargadas en la custodia para mostrar un poco más y captar la atención.  El cigarro les incomodaba, pero seguía entre sus dedos, manchado con lápiz labial de un matiz de rojo aceitoso. Mal prendidos humeaban el pelo largo, brillante y peinado de las adolescentes.  Caminando con movimientos casi sensuales, se sentían hermosas y a lo lejos y apoyadas por los destellos de flashes y figuras de colores, lograban el efecto de verse mayor, atrapando miradas que apenas podían adivinar.  Caminaron hasta la orilla de la pista, era temprano y se les notaba en sus sonrisas, en la postura de sus cuerpos, de sus manos y en su mirada, que el efecto del lugar había resultado. Su alegría había despertado. El alcohol en el cuerpo joven había despejado las tristes dudas de un principio.  Pareciera que el retumbar de la música ayuda también a no pensar. Jessica ahora se movía un poco más y sujetaba un pequeña cadena de oro, delgado casi imperceptible, con la imagen de una pequeña virgen, como si estuviese rezando balbuceaba las canciones en un falso inglés.  Parecía un intento de cambiar de preocupación, mientras fumaba torpemente y sin saber muy bien el por qué se sentía bien.  
                
     Los acompañantes miraban para todos lados, como si estuviesen buscando a alguien, como si fuesen a conocer a alguien, patéticamente no conocían a nadie, ni nadie los conocía a ellos. Ahora se dedicaban a tazar a otra minas que tan “buen lejos” tenían.  Era inútil conversar, nadie escuchaba nada, solo un par de palabras, mal hiladas, cortantes, solo por decir algo, casi obligados, por lo general tenían que repetir las palabras por el ruido y la sordera obligada, en un dialogo bordeando lo ridículo. Solo se acompañaban los cuatro mirándose y mirando a su alrededor.  Todo al principio parecía sin sentido, todo parecía al borde de la lógica.  Las ropas, los sonidos, los cigarros, el trago que se habían tomado, unas risotadas se escucharon desde lejos, desde el otro lado de la pista.

     Ya estaba a medio llenar la pista y comenzaban una música algo más movida y ya se sentía un poco de calor. Las jóvenes con sus pequeñas ropas mostraban sus ombligos perforados, los muchachos mostraban sus rostros serios a las señoritas que olían y miraban con sutil y adolescente obscenidad.  Después de un rato las dos bailaban a la orilla de la pista entre ellas, esperando que no viniera nadie a molestar.  Despejando las ideas sin saberlo, sintiendo las miradas y el cuchicheo cobarde, de algún par de muchachos que no se atrevían a invitarlas a bailar.  Jessica lleva un traje que muestra su silueta contra las luces y baila delicada, cuidando su pelo largo,  cada cierto tiempo toca se medallita de oro y la pone entre sus dientes.   Susana coquetea con uno de los acompañantes y en un momento se pierden y se esconden un poco más allá.  El otro acompañante fuma en un sillón mirando alrededor, mostrándose grande, bien parado, como esperando algo.  


     En eso, la música bajó de volumen despacio y se silenció casi por completo,  pestañaron las luces entre las pifias de los frustrados bailarines, que recién comenzaban.  Se prendieron las luces de emergencia, Jessica miró hacia la puerta donde había movimiento y se acercó a su amiga.  Los acompañantes se acercaron también.  Tres carabineros se pararon en la entrada, mirando a todos lados, Jessica y su amiga voltearon rápido sus caras hacia la pista. delatándose. Los acompañantes acobardados, se alejaron dando varios pasos atrás hasta que se sentaron en un sillón.   Por los parlantes se escuchó un pitido muy fuerte y unos golpes en los parlantes. Luego se escuchó un mensaje que decía que esperaban a Jessica Avendaño y que por favor se acercara rápidamente a la boletería.  La chica tomó con sus dedos su medalla de oro, se movió rápido sin soltar a su virgencita, no sabía mucho si tener susto o vergüenza, ya tenía otro trago en el cuerpo que la llevaron sin saber muy bien como a la puerta, su amiga caminó también, pero desde cierta distancia.      

***

      Desde la mañana ella había estado asustada, solo después de almuerzo se había estirado un rato en la cama y había dormido, era sábado. Había tenido las pruebas finales en el liceo, estaba a punto de repetir, ya había recibido todos los regaños de su vieja madre.
          Su miedo venia desde la conversación con la mamá de una amiga, una vieja tarotista que le habían leído las cartas,  que la había mirado fijamente a los ojos mientras le decía muy seriamente cosas fuertes.  Como que tendría pronto un hijo, que sería muy pronto mamá, pero que ella no quería y que no estaba preparada.  Le habían dicho que finalmente repetiría el año y que se convertiría en una persona con muchos problemas, sino hacia algo.  Eso la asustó de entrada, pero no tomó tan en serio las palabras, creyendo poco en las supuestas facultades de la señora.  Al principio parecía un extraño y severo sermón, un estúpido sermón que ella no quería recibir.  La tarotista dejó entrever que tendría problemas incluso con algo extraño, que ella no entendía muy bien, que ella no debería leerse las cartas.
                Esta carta me dice que hay sustancias extrañas en tu entorno. ¿Te drogas? le había preguntado.  A lo que la niña respondió -No- Enojada. Hay algo ilegal y esta carta dice que te alejes del dinero fácil.  Veo otra vez un niño, afectado por alguna sustancia extraña.

                En la tercera carta se había demorado en decir algo, se habían quedado pensando, miraban hacia el cielo.  Primero la tarotista, luego Jessica.  Se la puso sobre el paño rojo de terciopelo y la indicó con su dedo. El Rey de Espadas, le dijo.  Indicaba, según la señora más creíble ahora, que para poder ser feliz, ella debería hacer algo cruel con algunas personas que la rodeaba o que ella quisiera. 

                Si eres buena persona con él o ella –le decía la tarotista– te convertirás en una persona infeliz, si haces lo contrario él o ella se alejará y tú podrás ser feliz.  Tú debes decidir, quizás debas cortar toda esa  relación de raíz y puede que todo el daño desaparezca, mira bien a tu alrededor, hay personas que no tienen malas intenciones contigo, pero que el solo hecho de estar cerca de ti, te producirá daño.  Puede ser incluso alguien que te quiera mucho o que tú lo quieras mucho.  Siempre hay y habrá personas así, atraen el mal y están condenados a sufrir, a caer en la cárcel, una condena tras otra, a no tener familia o tener una familia hecha un desastre. A tener enfermedades feas. Condenados a tener un eterno mal espíritu, que los entierra en lo más profundo de los seres humanos.  Hay personas de este tipo que ni si quiera pueden elegir su destino o pueden construir su vida, porque si eligen, elegirán mal; porque si construyen, construyen mal;  esas personas están condenadas a la soledad final y a esas personas hay que dejarlas, porque esas personas deben existir, para pagar todas nuestras culpas.  Por muy cruel que suene, ellas son responsables de nuestra felicidad.     
                El rey es una persona sabia, pero el rey de espadas debe usar su espada, debe cortar todo lo malo, aunque a ratos no parece malo, a veces el rey se equivoca y puede cortar algo que no debía, las espadas son peligrosas, por eso debes ser sabia como el rey y cortar lo justo y lo necesario y cortarlo a tiempo.  Y las otras dos cartas me dicen que ya no tienes mucho tiempo para decidir.


***

                -Señorita necesito ver su carnet.
                -No lo tengo, se me quedo en la casa.
                -¿Y cómo entró aquí sin su carnet? ¿Cómo sale de su casa, a un lugar así sin carnet? Tendré que llevarla a su casa a buscarlo y después a la comisaría.
                -Pero ¿Porque a mí? ¿Qué hice yo?
                -¿Conoce usted a Rodrigo Fica?
                -No.
              -¿Está segura? ¿Usted es Jessica Avendaño cierto?
                -Si.
            -Piense bien lo que va a decir. Repito la pregunta. ¿Conoce usted a Rodrigo Fica?
                -No.
            - El dijo que se juntaría con usted, Jessica Avendaño, en esta discoteca. Por eso llegamos a usted.
               -No tengo idea quien es Rodrigo Fica, pero si usted se refiere al huevón ese que está en la patrulla, a ese solo lo conozco como el “Rolo” y vive cerca de mi casa. Pero, yo jamás vine a juntarme con él, de hecho yo estaba con una amiga allá adentro y no tenía idea si quiera, que él venía para acá.
           -Lo siento, pero además usted anda sin identificación, el portaba un arma y drogas. Y tienen una orden de aprensión inmediata.  La nombró con nombre y apellido, y dijo que se juntaría con usted, que usted es su pareja. Así que nos va tener que acompañar,  porque usted ya es parte de la investigación.
             -Pero, yo soy menor de edad ¿Cómo me va a llevar?
          -Usted no tiene cara ni cuerpo de ser menor de edad y no tiene ningún documento que lo acredite, así que lo siento mucho.  Además está en un lugar donde no pueden entrar menores de edad, entonces que hacía allá dentro usted.

                La tomó del brazo, ella se quiso resistir solo un poco y comenzó a balbucear, a lo que el policía apretó más fuerte su brazo y la metió en el radio patrulla, mientras pedía apoyo.  Su compañero se subía en el asiento de adelante a vigilar a la pareja.

                -Que me mirai huevón. Si yo no te conozco. – dijo la joven, con su medallita de oro entre sus dedos y sus ojos rojos.    
                -A ver. ¡Silencio!  Y tranquila, sino, la voy a tener que esposar señorita.
                -Vo’ estay condena’o a la mierda y yo no me voy a quemar por un huevón como tú.  ¿Por qué me nombraste? ¿Por qué dijiste mi nombre? Me dijeron que esto sería así. Me salió el Rey de Espadas…   
                -¡Cállese Señorita!



27.12.13
05.02.16
                

jueves, 18 de enero de 2018

¿Cómo llegan a ser traficantes?



No es mi idea justificar nada, ni a nadie, sino más bien buscar respuestas a algunas preguntas que se me formulan y que me dejan con las palabras en la boca, ya que es largo de explicar. No soy un académico, ni historiador, ni perito, ni nada de eso. Solo quiero como ejercicio,  hacer un análisis de los eventos que veo y que vi, y tratar de responder (me) preguntas como: ¿Y por qué trafican entonces? ¿En qué minuto se perdieron estos cabros? ¿Cómo es que se pierden familias enteras?

Escalas paralelas

Siempre he pensado en esto desde que vi algo cuando niño: ¿Está bien que haya un niño desnudo, amarrado a una reja, en la esquina de mi/su pasaje, que un joven mayor lo vigile para que no se suelte y que no pueda arrancar? ¿Estuvo bien que el niño estuviera gritando y llorando,  y que los vecinos y vecinas que pasan por el frente (entre ellos yo), no intervinieran y no dijeran nada? Él no era mi amigo, pero si mi vecino, en plena Legua Emergencia, y debe haber sido en los años 80. Debo haber tenido 9 ó 10 y él un año más.  Yo también era niño y esa escena no se borra de mi memoria. Y vuelvo a preguntar ¿Está bien que los niños sean maltratados y que nadie haga nada? ¿Habrá sido un acto de justicia? ¿Habrá sido un arreglo de cuentas? o como se diría ahora es un simple old & hardocre bulling, (el anglicismo es innecesario lo sé), nunca he podido explicar lo que sucedió ese día. ¿Qué error cometió, para ese castigo? Creo que pregunté una vez, pero la respuesta tampoco fue clara.

Vimos muchas otras cosas en esas épocas: policía corrupta allanando casas; militares llevándose personas; tanques en las calles; hombres de terno y corbata, armados bajando de camionetas y llevándose a otros hombres entre los gritos de sus familiares; personas que no tenían para comer y pedían reja por reja con niños a cuestas, claramente no tenían donde y como bañarse, olían mal.  Era común ver familias que no tenían ropas, vestían mal, no tenían zapatos, y nos pedían a nosotros, los mejor acomodados que vivíamos ahí entre toda esa injusticia. ¡A nosotros nos pedían alimentos y ropas¡  Eso nos hacía ver que había gente en peores condiciones que nosotros y que teníamos la capacidad de ayudar.  Tanto así que algunos de mis amigos, ya más de grande en los ’90, se organizaban para visitar campamentos, llevar alimentos y juguetes para las navidades o para los inviernos, y por lo que sé, todavía lo siguen haciendo. Los calificativos que pongo, tienen que ver con la realidad que nos habían construido ya de forma colectiva, pero eso lo explicaré más adelante.   Esto veíamos y a veces nos impactaba, a unos más que otros.

También vimos al cometa Haley, la bengala del Cóndor, los festivales de Viña y teletones uno a una, y la sufrimos y disfrutamos según correspondía.  La televisión siempre presente como factor de educación informal.  Por supuesto que nos hipnotizaban con el valor de las cosas, el adquirir, el significado del éxito, nos mostraba (y nos muestra) quienes deberíamos ser, para ser aceptados, que deberíamos estudiar, y como debería ser nuestros hogares, y como lograr el estatus deseado según la marcas que usas.   De todas formas, quizás necesitábamos de esos ritos de teletones,  festivales y los partidos de la selección chilena, quizás era lo único que nos hacía parte de una patria, parte de algo, un poco de identidad. Así es como la bandera no ha faltado, no falta, ni faltará.   La calle principal de La Legua hoy tiene cinco banderas en la calle principal. Todo el año.  Aunque la patria solo les entregue una nacionalidad y algunos frágiles derechos.  Cuando llegaron desde las tomas, las salitreras o desde la emergencia habitacional (segregación), llegaron con sus banderas y con un amor a la patria, tan mal correspondido como lo dice Violeta.

Dormir, comer, jugar, vivir y todo lo anterior, en una pequeña casucha que llamábamos casa. Y no es más que un conjunto de panderetas y tabiques de tabla de 36 metros cuadrados sin jardín y un patio de tierra, para guardar cachureos o hacer una ampliación de unos 4 metros cuadrados más (y quedar sin patio). Entrelazadas todas con una fachada en común, donde solo nosotros sabíamos dónde comenzaba una y terminaba otra.  Detrás de las panderetas de madera, se podía escuchar las fletas que les daban a mis vecinos, o cuando la pareja de vecinos del otro lado peleaban, discutía a chucha limpia o se golpeaban.


La escala de valores en este lugar, está alterada o más bien es una escala paralela distinta. Una escala, donde es normal: que el padre viole, mate y asesine, que venda droga; que las madres, los seres más perfecto para nuestra existencia, sea capaz de vender drogas, primero para alimentar y vestir a los suyos, luego para darles lo que ella nunca tubo y finalmente, para darle todo lo que anhelen o exijan, porque ya los mal acostumbró y es lo que vieron por televisión, y que ni en la casa, ni en colegio le dijeron que estabas mal.  O al menos no con la fuerza y la moral necesaria, para que ellos creyeran.   Una escala donde se puede cambiar comida por droga, ropa por droga, etcétera, y donde no hay toda esta moralina o análisis que hago en este momento.

También es común y quizás normal en esta escala y en esos años (quizás ahora también), que el papá golpee a su pareja y a la familia completa, la violencia es una forma de educación aceptable, una forma en imponer tus ideas, tus formas, lo que tú quieres hacer.  También puede ser normal que el papá (si es que aún vive con la familia) se vaya de fiesta y llegue cuando él quiera, violento o perdido, drogado, pegado en el techo, arriba de la pelota, pegado en un horizonte.  El alcohol y la droga se normalizan, se hace habitual.  También lo hacia tu abuelo, así que es algo generacional.

Y no solo en la familia propia cambian estos estados “normales” de las cosas. En el entorno directo también hay extraños cambios de valores morales, si es que se puede decir de esa manera.   También cambian el valor de la cosas, la cosificación de las vidas de forma inconsciente pero palpable a cada minuto: Un auto vale más que una persona,   un par de zapatillas vale más que la dignidad, una marca incluso vale más que su propio valor estético. 

Un hombre pasaba cambiando pelotas de goma por zapatos usados, en las tardes de verano. Siempre hay algo que lo desordena todo y cuesta encontrar los valores reales de las cosas.  Nunca entendí del todo ese último negocio.

Hablo aquí de violencias, hacinamiento, injusticias,  de un mundo paralelo, llenos de factores: internos y externos; históricos y de futuro, intervenidos y olvidados.  Algo que nos gustaría saber y tener la respuesta, un estado de las circunstancias que nos gusta juzgar bajo nuestros parámetros de una aceptada normalidad, bajo nuestra escala valórica, si es que otra vez se puede llamar así, estando ellos en otra paralela y distinta.


La Omisión

La institución contribuye con la omisión de las denuncias, el silencio a veces brutal por parte de las organizaciones y de todo quienes deberían velar por la integridad en derechos de todos los habitantes, termina naturalizando la violencia en todas sus formas.  Colegios, iglesias, policías, municipalidades, los distintos ministerios de gobierno, partidos políticos.  Solo rescatar que hay momentos y personas que si lo hacen, pero que las habitantes no siempre se enteran.

Luego en el trabajo se normaliza, el maltrato, la explotación, las situaciones de abusos, afectando también las escalas de valores. También omitimos, no denunciamos, quienes sufrimos de esto en algún minuto.

En los colegios hay violencias, en los hospitales hay violencias, para la vejez hay violencias específicas, para la niñez brutales violencias específicas, también para la mujer  en todos estos ámbitos y más, y otra vez.   Podría llenar cuadernos detallando las violencias que se omiten, las que se callan y las que se denuncian.  Las violencias normalizadas son muchas, en todas escalas de valores, de todos los estratos sociales.  Claramente en algunos sectores, la normalización de estas violencias es brutal y casi irreversible.

La Caída en el Círculo


Un ser humano, violentado, abusado, marginado, omitido…  tiene una baja autoestima, no tiene claridad mental, tampoco ha sido educado ni en contenidos ni menos aun emocionalmente, por lo tanto tiene también conductas autodestructivas que ni él entiende y menos nosotros.  Tampoco hacemos esfuerzos de entender.  Ya a esas alturas está en un círculo vicioso.  Una primera actitud en ese sentido, la primera venta, el primer robo, es reprochada por la sociedad completa, por su familia en algunos casos, por el mundo laboral que con una doble moral solo omite lo que no le afecta directamente, el colegio por incapacidad de atender los casos especiales, las necesidad especiales,  y las entidades del estado que dejan fuera, marginan, desde antes y más ahora, cuando dan el primer paso hacia el delito.  Llegado a eso, se denuncia a toda voz, olvidando sus propios crímenes de omisión.

Nosotros los jueces, condenamos el acto inmediato, sin ver atenuantes, antecedentes previos, nada, solo lo inmediato, el aquí y el ahora imperdonable. Juzgamos y Condenamos.


Memoria Colectiva

La memoria colectiva donde también se construye identidad, traspasa generaciones.  Me explico. Cuando supe lo que les hicieron a mis abuelos, a mis padres y luego a los pobladores; también a los abuelos y padres de mis pares, de mis cercanos, se va construyendo una memoria.  No hay casualidades, al repetirse, pareciera que todo fuese sistemático y no un azar.

No solo se conforma este sentimiento individual, sino que es un sentimiento colectivo de injusticia.  Con el tiempo va tomando fuerza se prepara para salir.  En el peor de los casos eso se transforma en rabia incomprensible, en desazón de vivir, en violencia, en venganzas.

En el mejor de los casos en construcción, en infinidades de forma de expresión.  Todo ese descontento sale de alguna forma.  En formas de luchas inimaginables y solas depende de las oportunidades.
 
Aquí, bajo estas circunstancias que a tantos les gusta comentar, aquí no hay medias tintas.  Aquí eres chicha o limoná.  



***




Si resumimos un poco: las violencias naturalizadas; las escalas trastocadas, alteradas; las autoestimas bajas, resultado de dichas violencias; las malas decisiones que parecen irreversibles; la memoria, la historia, el sinsentido y los sistemas económicos actuales, que incluyen: la mala educación, la pésima salud, el miserable trabajo. Todo eso en conjunto, parecieran empujar y mantener a muchos hombre y mujeres, en un mundo paralelo donde la droga da sustento a sus sueños, donde ellos no se dan cuenta, que en realidad solo les destruye sus sueños.  Y nosotros desde este mundo: solo juzgamos, analizamos, condenamos y no hacemos otra cosa.  Y no quiero justificar, sino buscar la razón donde parece que no la hay.    







Tarugo y Tonga

18.01.2017


Indice de Desigualdad - Técnica Mixta 

Indice de Vivienda Digna - Técnica Mixta

Indice de Violencia - Técnica Mixta

jueves, 19 de octubre de 2017

Hilo

Un hilo de voz atraviesa precario y carcomido
del estomago a la garganta
sale de la boca junto al vaho
se amarra de cantos de pájaros mágicos
que se elevan de la Tierra
como vapores del sol en las ortigas
o de troncos podridos de vida.



Insectos en Líneas (2017)

jueves, 24 de marzo de 2016

Marzo 2016 (Nido)



I

Cuatro puntas, bolas en blanco y negro / figuras repetidas en la mente como bombas cayendo de un bombardero en Vietnam /figuras cuadradas entronchadas como cuerdas atando manos/ con columnas de mentiras amarillas enlozadas en cerámicos, colgadas de los quioscos / todo decorado de latas afiladas en óxidos oscuros / sonora con mantras metálicos con ecos de maderas / como cuando las balas atraviesan las pieles y huesos / todo frío, todo azul morado congelados ocres / tierras negras sangres terracotas

Derrames de escombros bombardeados de Hiroshima / iluminadas con semáforos rojos luciérnagas borrosas manchadas de tierra, aglomeradas viscosas / radioactivos átomos como piojos en las plumas de la nidada pasada / tiras de trajes naranjos de presos arrestados secuestrados cegados, separados de sus familias / tiras naranjas remojadas en lágrimas, orina y sudor

Así es tu nido el que construiste, buitre sedicioso altanero ignorante /criarás a tus hijos con la sangre que sembraste.


II

Playas sucias de sangres de delfines oscuros / sangre plástica baba blanca
Atrapados los ríos, electrocutados los peces
Declaración de minera multinacional mentira
¿Cuánto más?
Este es tu país
No hay más patriota/ no hay más patria
No hay más nación, ni tampoco noción del daño
¿Cuantos años?
Desde los viejos de antaño que revientas los campos
Los fuegos, las aguas, el aire



III

Cuanto quisiera yo poder durar
Para verte hijo en el futuro caminar
Cuando reviente los pavimentos, las porfiadas hierbas prohibidas
Cuando los colores marchen frente a los palacios
Cuando el sol cada mañana suspenda las hojas estáticas en el aire tibio
Suspendidas en olor a tierra mojada

Ahora todavía no ganamos, pero a mí no me comió el silencio
La indiferencia quedó arrinconada
La verdad se aburrió que la escondieran tras el tiempo
Y salió a caminar entre las masas de los futuros cercanos
Ya se rindió lo perpetuo, ahora hay que trabajar.

Sé que ellos no ganarán, por eso es que debemos estar
Para romper los nidos de buitres,
para gritar los gritos de la verdad- vida
en los bosques, el mar y también la ciudad
donde hayan oídos que escuchar




miércoles, 6 de marzo de 2013

Insecto Rojo

Un insecto rojo en el cielo celeste
carga palabras en sus patas traseras
y entierra insultos con su lanceta verbal

Vuela sin quitar el aire a otros
desde muros rayados con poesías
hasta las rocas de colores corroídas

El insecto de alas pardas  rojas manchadas
parece tener más ojos que bocas
escribe con el polen de la pata derecha
de una flor de acantilado
lo que piensa de la montaña

A veces, debe vomitar sobre su comida
al igual que sobre sus palabras
cada vez que se para en la mierda
del egoísmo y el ídolo
del absoluto y el fanático

Al final, se enfrenta al espiral
a la explosión  y el derrumbe
al círculo infinito del viento
y al marco estúpido de la regla
en la ventana
altanero  y hermoso
con sus colores
llenos todos de rojos
pensando que la vida es una
y que el mundo es su patria
que la flor es su país
que ya no hay más que pedir
que no vale la pena sufrir

Todo
todo para morir mañana
después de un solo día
un solo día,
apagado por la noche
donde ya no se ve
ni tampoco importa
su propio color.




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