martes, 15 de marzo de 2011

Mentiras de Plaza de Armas

El mentiroso en su paraíso dice la verdad y no le creen,
mientras el gato a grafito tempera,

se mueve,
sigiloso y enorme,
mentiroso y deforme.

Elevan vuelos los tristes pájaros de color gris
de interior rojo óleo carmín y seda.
Mentira,
vuelos en masa,
en la pequeña plaza.

El pintor traza mentiras en la catedral feliz, sin fin,
y la estatua humana no se mueve más.
Sin mirar,
pinturas de rezos
estatuas de huesos.

Miento también yo, en este banco de árbol sincero,
ya vendrá a buscarme
y yo le he dicho que la quiero,
sin miedo
de nuevo.


Plaza de Armas, Santiago Chile

viernes, 4 de marzo de 2011

Soplón

En la rejilla del metro estaba el papel arrugado, enganchado con unos alambres de púas, ahora no tenía importancia, él se había liberado de ese estúpido mal entendido como había dicho Gabriel, su jefe directo.
Para él no había mal entendido, el contrato ahora destruido decía claramente, que él no debía matar, que su función era de simple soplón, informar a la CNI de los movimientos, anotando patentes, números de casa, números de teléfono, itinerarios y hasta lo que comían ciertos sospechosos. Revisar cuentas, y averiguar cualquier estupidez que se le ocurriera a Gabriel, pero no matar.
La infiltración era parte de sus funciones, pero nunca hablaron de cometer ningún delito, si solo se lo hubiesen insinuado jamás subiese aceptado, él se lo repetía una y otra vez, le preocupaba ese tema, sabía que en el algún minuto este trabajo se acabaría, por aquí y por allá se había escuchado de secuestro y torturas, pero él no creía en eso. Ya se estaba revolviendo tanto la olla, que a veces salían a flote una que otra cabeza de pescado, pero prefería seguir haciendo el desentendido.
Tenía claro desde un principio, que solo necesitaba trabajar y como le decía su madre, él quería llegar a su casa y poder abrazar a su pequeño hijo sin remordimientos y con la conciencia limpia. Cada vez que llegaba a su casa y besaba o abrazaba a su niño, se acordaba, como una espina en el sien, de las palabras de su madre y así internamente cada tarde medía su nivel de conciencia, como un examen de culpa.
En la mañana de ese día, cuando quiso quejarse, Gabriel no lo dejó, e incluso le ofreció unos bonos medios extraños, le dijo que tenía unos televisores que debía ir a buscar y si él lo acompañaba se quedaba con uno.
Ahora, se le revolvía el estomago solo pensar que esa tarde aún con el contrato roto, arrugado y en el piso irían a buscar a Sergio, un militante que había seguido muy de cerca, una persona a la cual él no le había podido comprobar ningún delito, ninguna falta, no había conversado con ese fulano, como él le decía. Sin embargo, lo conocía y había vivido un poco su vida. Que hacía, con quien comía, muchas veces se subió al metro y a los buses con él. Sus manos se llenaban de sudor tibio cuando pensaba en el destino de ese sujeto. Andrés Jorquera el verdadero nombre de este pobre imbécil se le repetía mentalmente, mientras alimentaba el odio por Gabriel. Quería llegar luego a su casa, abrazar y jugar un rato con su hijo y dormir lo que quedaba de la tarde y no pensar en nada, quería ver a sus hermanos y a su madre, olvidar y volver al quiosco a vender revistas y cigarrillos sueltos, por muy miserable que fuera vivir del sencillo de otros, sus entrañas no los dejaba respirar, su dedos temblaban como su conciencia.
Cuando le gritó en la cara a Gabriel su renuncio, se sintió aliviado, pero de inmediato quiso llegar a su casa, desaparecer de ese lugar y aparecer debajo del nogal de la casa de su madre, no quería entender ni que lo entendieran, quería su libertad de espacios cerrados, la seguridad de su familia y un beso tibio de su hijo.
En eso, camino a casa muy decidido y apurado, nervioso y temblando, explotaron en vuelo las pocas palomas a la entrada del metro y con sus ojos rojos de rabia quizás, sintió el disparo de una cámara fotográfica, un hombre corriendo escaleras abajo. Un dolor intenso en la espalda y en su pecho le impedían respirar, el buscaba en su bolsillo las monedas para su boleto, mientras miraba hacia el fondo y el hombre que corría desaparecía. Su camisa se manchaba y las costillas se le apretaban, él intentó llegar con su mano para tocar el dolor y sus monedas se cayeron rebotando sordas en la escalera cubierta de goma, intentó llegar al pasamanos, la gente bajaba y subía a la estación del metro, todos con lentes oscuros, su mano le mostró su vida en sangre, mientras él habría un poco la boca para tragar una gota de aire, se sonrió, movió los labios nombrando al parecer un nombre y cayó cinco peldaños abajo al infierno del metro.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Recuerdo de Viaje

Que me recuerdes,
viajero entre los arboles de tus sueños,

construyendo amor de manos y alma,
que me recuerdes de barro,
de entramado de espinas y ramas,
de huesos y de sangre.

Y te recordaré
entre las miradas de las rocas del mar
en el gritar de un pájaro en picada,
te recordaré de agua salada
de briza y viento,
de besos y humedad.



sábado, 26 de febrero de 2011

Tierra Mojada

Olor a tierra mojada 
de mis mañanas contigo,
sin pensar, ni hablar 
y sin abrigo.

La tierra me habla de ti, 
conmigo
y mi país de pájaros 
se vuelve nido.

La lluvia huele a café, 
frazadas y camino
escucho el charco y el ladrido,
de un perro manco
sin amigos.

Las piedras muestras sus colores
mientras yo camino, 
y ahora pienso, 
lo que aún no te escribo.



viernes, 18 de febrero de 2011

CLAN

Quiero ser del clan de los constructores,
de aquellos que edifican con piedras solidas pero tiernas,
fortalezas donde la justicia sea más justa,
donde la verdad sea más verdadera,
don la revolución se llame amor.

Quiero ser de la tribu de hombres y mujeres,
de generosas ideas, sin gotas de egos,
de esos que la sociedad los aglomera físicamente,
pero los dispersa espiritualmente
Y que viven para buscarse.

Esa tribu donde las vestimentas son inútiles,
porque las mentes están desnudas.
Sin absolutos que las cubran y empañen,
sin más certezas  que saber que no están solos.

El pálpito de un corazón acelerado será música,
Del clan del martillo y de la palabra, 
la voz de la conciencia será canción,
Cantarán para levantar,
 y para volver a cantar.

El calzado será el tambor
que gastan calles por contactar la emoción
por romper de dispersión,
por romper la segregación,
por romper y construir.

Esa tribu, ese clan sin nombre ,
camina por las calles
hombres y mujeres que en silencio,
mueven conciencia y despellejan con ignorancia a la certeza.

Que descuartizan el saber con la curiosidad.
Que abrazan lo desconocido 
y que aman verdaderamente.
Que construyen, con piedras sólidas pero tiernas.



miércoles, 16 de febrero de 2011

Gris

Ojos de telas opacas,
tu caminar de yugo pensado,
apretado,
a la orilla del cemento estéril,
como tu esfuerzo
o como el mío.

Monocromático caminar,
fractal de esquina en esquina,
semáforo de amarillo al rojo,
de lucir con anteojos
mas gris todavía.

Quita el reloj de tu frente,
más Dios también se arrepiente.
¿Porque tu no?

Detén el caminar cansado,
y tu paso asustado

Sal del color enfermo,
Y escribe libre tus pasos,
en el cuadriculado pavimento,
de tu cuaderno,
y de tu andar eterno.

Libera el color de paz,
contigo y sin ti jamás,
de la hiel de tu pecho encerrado,
del  pehuén tumbado,
del sentir consecuente,
de la soledad incompleta,
y de esperanza viva.
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