El sentido común me diría que si escucho un río y pienso que él me habla, se diría que estoy loco, insano, perturbado o más bien “piteado”. Es raro, pero no sé si es una esperanza escondida o en verdad lo creo, a veces incluso creo tener pruebas que existen pensamientos muy parecidos al mío. Otros que escuchan el río y que no lo dirán por que suena cursi, porque esas cosas no se dicen, sin embargo, creo que les dice lo mismo que a mí.
sábado, 25 de febrero de 2012
miércoles, 18 de enero de 2012
La Apuesta
La bola macha chocó con la número nueve y esta última le dio de lleno a la catorce que cayó enterita en la buchaca del centro.
El perdedor se sentó en el suelo casi a los pies del ganador y con el vaso largo hasta el tope con piscola , estiró su mano con el trago hacia el ganador y mirando al suelo dijo pausadamente- Sírvase señor .Sírvase Señor. Sírvase Señor
Toda mi Verdad
Como revisar esa historia sin conmoverse, como hacerlo sin que esta se enrede entre hechos y sentimientos absurdos ahora, pero tan vivos en ese entonces. No tengo la más remota posibilidad de no pensar en eso, cuando escribo esta historia simple, pero profunda. No puedo hacerme a un lado y mirar desde otro lugar que no sean mis ojos cansados de esas mentiras. Escribiré este relato sin poner una palabra de más, porque debe haber verdad finalmente y deben saberla. No quiero más mentiras. Publico esta carta para que se sepan de una vez toda la verdad.
Yo la amaba.
Plagio de Otra Tarde
Hoy te
estuve esperando, ahora camino hacia el metro. Ya está oscuro. En mis audífonos chillan voces que arranco de
mis oídos. Estoy cansado, busco un par de miradas bajo los paraguas. A veces quisiera no pensar en ti. Creo que
hoy no leeré Benedetti, así mañana te volveré a esperar más tranquilo.
Mirada
Ella me miró desde la ventana de la micro. No la conocía pero pensar en ella y en su sonrisa calmó mi pánico y mis manos dejaron de sudar un poco.
No llegó
Pedaleé por encima de adoquines tres calles,
crucé la ciclovía desde la Moneda a Las Rejas, esquivé a cinco épsilones y dos
anarquistas. El agua del guanaco, jabonosa en el piso, casi me bota de hocico.
La bicicleta viene media desinflada, como yo. Tengo sed y son las once de la
noche ¿Y todo para qué? ¿Para que me digas que ella no llegó? ¡Chanta la moto!
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